miércoles, 9 de enero de 2008

PARAÍSOS DESANGELADOS (Donde viven y mueren los ángeles sin alas...)


He desempolvado mis viejos poemarios... He vuelto a caminar sobre sus cenizas. He sido solo un silencioso paseante, poco más. Hace de ellos demasiado tiempo, más del que puedo recordar. Pensé que encontraría solo fragmentos desmerecidos, apenas vestigios de los latidos de un corazón cansado de latir... sin embargo... Existe algo extraño en ellos. Me han devuelto viejos códigos encerrados entre sus jaulas, palinseptos de mi puño y letra que nunca recordé escribir y que ahora resurgen y cobran sentido después de envejecer y amarillear en los recodos de mi inconsciencia. Restaurados, presentados con otra decencia pero apenas alterados.
Me pregunto ahora... ¿por qué los escribí? O mejor aún ¿para quién...?


Ángel en Negro. Diablo Blanco

A veces quiero congraciar el cielo y el infierno
Un angel y un demonio llevo dentro
Las cenizas de mi alma
Son ruinas y testigo
De un feroz campo de batalla

Como Fénix me hacen perecer
Y resurgir de mis escombros.
Tengo miedo de asumir
Que jamás perteneceré a un lado o al otro
Que penderé eternamente
En la frontera
Sin raíces, sin vínculos, sin esperanza
Y esta cruel dualidad
Me mata

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Mi vida se reduce
a un compás de espera de tiempo ilimitado
Es absurdo suponer
que se quebrará esta jaula
de borrosas transparencias
que aviva viejas heridas de guerra
y devora mis rincones
Allí, a media luz, un alma que agoniza
prisionera de un sin vivir huérfano
se lamenta de las horas perdidas sin ti

En mi mundo, a menudo ajeno y frio
me resingo, cuarteado en augurios
me hablan de un mañana radiante
que nunca llega,
que se hace esperar
como la amante celosa
retozando entre las sábanas
y volviendo la mirada hacia otra parte.

...y yo me quedo en tus ausencias
navegando sin velas por la desidia
que no hace suyo tiempo ni fronteras
y tú apareces, entonces
como una sombra intermitente
que reverdece de mala gana mi incierto destino
-como incierto es el de todos un poco-
por si hullen de nosotros las palabras
y nos faltaran algún día las promesas
solo nos sobran tantas buenas intenciones

Y yo saldré, algún día, para besar tus labios perfumados
cuando la marea baje, envidiosa de mi suerte
y mi barca encalle entre tus pechos
que tu piel será mi cala -y mi sepulcro-
donde los jirones de mi espíritu
se perdieron sin remedio.

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Tu sueño sería un bálsamo
si soñaras a mi lado...
En tu piel adormecería mis reproches
hacia este mundo irreconciliable
que no sabe que existo
que me esquiva huidizo sin imaginar
que soy yo quien me escondo entre sus fisuras
buscando tu nombre.

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Tu quietud me ampara
me seduce cálida
ausente aún de prejuicios
el rumor de tu aliento acuna mis duelos
alimentando con narcóticos mis madrugadas
donde trafico con versos y escribo de contrabando

Me resisto a dormir el sueño de los malditos
tan efímero trance,
fugitivo y servil de la condición humana
me cuesta cederle mi tiempo al vacío...
Prefiero quedarme aquí
a tu lado
ahora que mi voluntaria prisión
sólo me ofrece tu ausencia
y una voz adulterada
al otro lado del silencio

Tu apagada quietud me alimenta
es como la preciosa sangre
que mi cuerpo muerto me niega
Velando armas me encontrará
voluptuosa, la noche
mientras tú estés cerca
alumbrando un nuevo hijo
de gracia efímera-
a este mundo desagradecido con las letras
que jamás se compadece de las desgracias ajenas
y que no sabe de versos
y ni imagina
que al llegar el crepúsculo
de ese día que se me antoja eterno
regresa, esperada y amarga
con él, mi inconfesable condena.

lunes, 7 de enero de 2008

LA BITÁCORA DEL DIABLO. (...o confesiones de un Antiguo.)-FROM THE EMPTIEST STAGE.-


-FROM THE EMPTIEST STAGE.-

Here is a page
from the emptiest stage
a cage of the heaviest cross ever made
a gauge of the deadliest trap ever laid
And I thank you
for bringing me here
for showing me home
for singing these tears
finally I've found
that I belong here

(Martin L. Gore. Home)


Ha sido un año duro... Necesario, hermoso, trascendente... pero duro, muy duro. Muerto al fin, sus días y horas comienzan a formar ya parte del anecdotario para el resto del mundo, conjurados sus demonios, vencidos sus escollos, olvidados sus amaneceres. Yo necesité volverme hacia mí, recapitular, en aquel pagano ritual de renovación que fue su última madrugada. Sin embargo, el destino, siempre demasiado retorcido en mi caso, me obsequia con un amago de resurrección. Una semana más de exilio, como una invasión del pasado recién enterrado, como un fantasma que no admite su muerte prematura.

Me vi forzado a dejarlo todo... La vida me situó en una tensa encrucijada. Destierro o muerte, y elegí destierro. Todo o nada. Necesité salir, huir para salvarme. Aún sigo vivo, no fue mala elección, después de todo.

Perdido y ausente de mi para encontrarme, he habitado durante meses la ciudad desierta. La habitación más fría fue llenándose de susurros, imágenes en la distancia empeñadas en la titánica empresa de reconstruir mis ruinas. Después de tanto tiempo en el olvido reconozco que sigo sin hallarme, aunque he dejado mis fisuras tras la puerta. El viaje de búsqueda me ha devuelto mis raíces, lo que soy y nunca debí dejar de ser. Mi mapa de contradicciones tiene ahora puntos de referencia. Todo el mundo dicen que tiene un ángel de la guarda pero pocos pueden llenar estancias de humo con él hasta la madrugada, como yo he hecho. Mi exilio me ha devuelto más de lo que nunca esperé encontrar, cimientos tan sólidos como acantilados en la roca y respuestas que suenan a preguntas sin responder pero que son la clave de mi existencia. Mis ángeles me han traído de vuelta al lugar que pertenezco. Nunca podré agradecerlo lo suficiente. Mi cosmos personal, errante y siempre caótico, aparece ahora claro –en realidad es oscuro como alma de cuervo, y sus ecos son lamentos, pero es el mío- Nunca debí perderlo.

Sin embargo, cerradas todas las heridas, olvidadas las nubes de tormenta, reencontrado con la oscuridad ancestral de mi alma... esta habitación se vuelve lápida y esta ciudad cadáver, cementerio. El tiempo parece dilatarse con ironía ahora que sé que me esperan al otro lado del espejo mis anheladas tristezas, los ojos del ángel que nunca duerme y el susurro de una vida que iba a dejar escapar a conciencia.

Hasta hoy no he sabido porqué maldita razón mezquina debía continuar mi tortura ahora que esta soledad sólo me ofrece silencio de nuevo y nada me aporta. Hoy sé el motivo... y parece toda una ironía. La verdadera muerte es el Olvido... matar olvidando y saber morir olvidado, eso he aprendido. Todo esto no tendría sentido sin un último sacrificio a este destierro regenerador. Como si fuese un último estertor de este año sangriento, como si fuesen sus últimas palabras, un último aliento que me obliga a prestarle un último segundo de atención antes de cerrar definitivamente la página. Las raíces del pájaro de fuego están en sus cenizas; de la misma manera, este oscuro espacio que ahora empiezo, este inconstante muestrario de mi espíritu, viejo y renacido, hunde su nacimiento en el epílogo cruel de esta soledad obligada y necesaria.
Estas letras, como yo, son hijas del exilio. Nunca debo olvidar eso.