lunes, 6 de octubre de 2008

Álbum de Espejos. Más allá del Cristal.… El Abismo se Quiebra…


Jesús ha muerto al fin, devorado por aquellos que vivían tras el espejo aguardando su momento para retornar del olvido e instalarse en la carne fresca alimentada de nuevo. Se hacen humo tantos recuerdos que el vértigo que ello produce es casi narcótico. Encontrado y reencontrado en cien rostros, aparece al fin Aquél y su historia. Se funde en él toda la búsqueda y entiendo todos los pasos caminados hasta hoy.
Jesús era solo una carcasa, un recipiente en el que alumbrarlos de nuevo, terminar lo que empecé aquél invierno. Ya sólo forcejea un hálito rebelde, una sombra que poco a poco se irá disipando. Hoy Él regresa y con Él todo los demás que forman el crisol de experiencias que atesoro desde el primero.
Hoy sé… de dónde vienen las heridas de guerra, ancestrales cantos entre una legión de lanzas, bajo el estandarte. Hoy sé por qué recuerdo las arenas ardientes entre los dedos de mis pies y porqué sé a qué sabe el olor del miedo. Y quien me tuvo enfrente hoy camina a mi lado y llamo maestro.

Hoy sé… que llevo fumando trescientos años y qué el tabaco volverá a matarme, como en aquella ocasión donde el ron teñía mis lunas de miel y humo al rumor de las olas, y donde sigo esperando que esos hermanos vuelvan a visitarme y aguardo que Rosetta se despida una vez más entornando los ojos bajo el parasol. Que aquella tertulia literaria donde volví a verla no fue un sueño, y que mi desgarro con el mundo tuvo ese comienzo en caída libre… hoy sé las raíces de aquella apostura noble donde se forjó el carácter del Barón que me atormenta (y me apellida)… y que las imágenes que me quedan no están en la mente, ni los recuerdos, ni abismos. Hoy le he dado un abrazo a mis fantasmas y el oscuro secreto que anidaba en pecho se ha desnudado. Es un consuelo y una mortificación. La rueda comienza a girar de nuevo… mismos actores, mismo escenario y distinto color.
Hubo un duelo sin final anunciado donde miré a los ojos a aquel viejo amigo que hoy vuelve a mezclarse en mi historia. Y mi cabeza rodó sobre la plaza de la revolución solo un poco antes o después de la de alguno de vosotros.

Renazco en cuerpo ajeno, una de tantas, y todos aquellos volvemos a encontrarnos y el vértigo renace. Dejé muchas cosas sin cerrar, y espero ir saldando mis deudas. Los retos son nuevos y el camino está trazado de antemano, solo queda caminarlo otra vez. En esta ocasión dejaré mi nombre grabado en una losa, sólo para recordarme mañana… y en él estarán todos los que fui y todos lo que me siguen y a los que arrastro.
La mujer de blanco ya tiene nombre, pues siempre tuvo cuerpo. El joven padrino nos sigue apadrinando, mientras expía sus propias culpas. El maestro camina a nuestra vera… y el espejo, al fin, ya no encerrará más secretos.
Hoy sois míos… de nuevo. Bienvenidos a casa, hermanos.

4 comentarios:

pokenomon dijo...

espero que la entrada al abismo te ayude a cerrar heridas y saldar deudas, pues te queda mucho por disponer por aqui, y cada vez menos tiempo para hacerlo. enhorabuena varon vil

Anónimo dijo...

Acabo de escribirte un cacho de comentario (por largo más que nada) y me lo ha borrado esto...

Mañana en persona te lo digo, amigo mío.

Brindo por ti y por tus espejos rotos... Un honor compartir este viaje contigo una vez más y por primera con el destino de nuestra Maison...

Pero no te equivoques... Ahora que se rompe la carcasa de Jesús, Jesús no es ya aquél falso noble, sino un Jesús más Jesús que nunca.

Angela (o Fl. o Br. o Ro. o M.A. o como tú quieras... por cierto, atención al paralelismo Violeta/Rosetta)

A.J.Srider dijo...

Bien hallado, amigo. Espero que la rotura de esa carcasa te deje desplegar las alas que sé que tienes... aunque sean oscuras como la noche más cerrada.

Fúmate una buena pipa a mi salud, compañero.

Ciudadano B dijo...

Bienvenido de nuevo, caballero sin olvido.

Algún día conoceremos alguna de sus historias antiguas y no habrá más remedio que sucumbir a la sorprendente estela que ha dejado en tantos años de existencia.

Quizás, tal vez, envidiaría a aquellos que han formado parte del devenir antiguo, de esa historia común que une a las personas... aún sin conocerlo.