Después de una Semana Santa cargada de prisas, nervios, dudas y vicisitudes el pasado día 16 de Abril el Jazz Café (rincón imprescindible) fue el marco selecto e inmejorable para acoger la presentación de La Flor de Jade, Libro Primero, El Enviado. Volumen peleado, sangrado y querido con el que se abre esta saga que me acompaña desde hace una década. El final de un viaje arriba a puerto sólo para emprender nuevas odiseas, para levar de nuevo áncoras con las bodegas repletas y visitar nuevos mundos.
David Velasco de Mundos Épicos fue el maestro de ceremonias. Nos envolvía el clima intimista, a media luz, de este local habituado a alojar en sus entrañas música y letras, en esta ciudad acostumbrada a tener entre sus calles y bares a poetas, pintores, literatos y artistas. Se quedó pronto pequeño. Llegaron de todos los rincones de mi vida y mi memoria. De muchos apenas sabía nada desde hacía años, a otros fue en aquella ocasión la primera vez que los tuviera delante y escuchase sus nombres. Nos quedamos sin libros casi antes de comenzar.
Me faltaron algunos insustituibles; era Jueves y hay responsabilidades que no pueden dejarse a un lado, pero asistieron muchos que ni podía sospechar. No podría agradecer la asistencia de todos, necesariamente olvidaría nombres, pero quiero mencionar dos nombres especialmente: A Buven y Yolanda (forman un todo), deliciosa pareja… Ella, capaz de devorar las 600 páginas del libro en una noche, fue la primera persona en terminar ese libro una vez editado… y él… amigo de la infancia que vio alumbrar ese proyecto cuando no era más que unas páginas balbuceantes y que el destino, siempre cruel apartó nuestros caminos durante casi una década. Ha sido un regalo difícil de explicar reencontrarlo precisamente a razón de esas mismas páginas.
A Miguel Álvarez debo una mención especial; compañero de foro y juego en WoD hizo sin dudarlo la friolera de 400 kilómetros de carretera, sin conocerme en persona hasta ese momento, para estar presente ese día. Gestos como esos rompen el alma, os lo aseguro. Me has ganado para siempre, a mí y a toda mi familia (Eres cojonudo, Meridio, Horrim!)
Me sentí tan arropado que hubiera sido un insulto demostrar mis nervios o permitir que algo saliese mal. No lo hizo, a pesar de los inconvenientes que hasta el último momento amenazaban con el desastre: Los retrasos de última hora, la lluvia incesante, el día elegido, cruelmente laboral, las dificultades técnicas… nada quiso al final entorpecer el nacimiento… había demasiado corazón invertido en ello y no solo mío… Hubo agradecimientos necesarios, gestos inolvidables, nudos en la garganta y tormenta de aplausos…
La aventura se percibe intensa y hay ganas de pelearla... Hemos empezado a caminar…
Desde hace unos días ha comenzado a funcionar un nuevo blog que deseo anunciar aquí:
Se trata de los Cuadernos Secretos de Lynda James. Este blog tiene su razón de ser en las pautas que como escritor sigo a la hora de configurar y dar vida a un personaje. En él encontraréis la recreación completa de Lynda M. James, una periodista neoyorquina de la década de los 30, inserta en un contexto peculiar, que explico abundantemente allí. Aparte de pormenorizar al personaje, dotarle de un trasfondo y de unas líneas de personalidad, un entorno laborar, familiar y social, lo insertamos en una trama de acontecimientos, es decir: en una historia.
Esta será, sin duda la parcela menos creativa de la historia, ya que ese contexto me viene dado en sus líneas generales (por la naturaleza en el que está inspirada, abundo en esta cuestión también allí), pero en cualquier caso apenas modifica ni el valor de lo que quiero conseguir ni la calidad literaria que espero ofrecer.
Para mí tiene esta aventura un especial interés y motivación por varias razones:
-Aparte de la ambientación general y el contexto del personaje, que será fijo, al que se le irán sumando nuevas aportaciones conforma la historia lo vaya pidiendo y necesitando, el grueso de este blog discurrirá en una historia configurada a modo de diario que iré regularmente actualizando, a modo de folletín por entregas. Un recurso, que si bien viejo, yo nunca había utilizado hasta la fecha. Espero que esta fórmula, entre otras cosas mida mi capacidad para cautivar al lector y de presentar una historia "non finita", es decir, dar la sensación de inmediatez al escrito (al fin y al cabo es un diario) y de que su personaje ignora las cosas que van a sucederle apenas deje de escribir. como digo, para mi resulta una aventura, un ejercicio del que espero participe mucha gente.
-sumado a esto, está el carácter femenino de su protagonista. Aquellos que conocéis algunos de mis textos sabréis que no huyo de personajes femeninos y que, al contrario, suelo dar mucho protagonismo y carácter a las mujeres que salen de mis letras; si bien es cierto, que nunca había planteado centrar exclusivamente un texto en boca de una mujer. Dado en en mis planes futuros está lanzar un proyecto en este sentido, me ha parecido un buen campo de entrenamiento este blog y su planteamiento. Todo hombre encuentra siempre una barrera para pensar como una mujer y es esa la barrera que me gustaría tratar de superar. Que un escritor hombre plantee personajes femeninos creíbles especialmente para las mujeres es siempre una meta en el horizonte. Por lo tanto, daré especial relevancia a todo comentario que fuera en este sentido.
-Como tercer aliciente que me mueve a esta iniciativa está el cambio de registro en el tono de mis escritos. Muchos de quienes me conocéis lo hacéis como narrador de fantasía épica. Sólo algunos sabéis en privado de mis otros registros, si bien debo admitir que los he cultivado en menor medida y que la amplia producción en mi haber se centra en la épica pura y dura. Esta historia será una historia de misterio, enigmas y aventura, pero sin duda por todo lo dicho anteriormente y por el contexto en el que se moverá tanto narrativo como formal, tendrá un tratamiento sensiblemente distinto al de mis páginas más conocidas.
En este sentido invito a todos los paseantes a deambular por esos cuadernos secretos, a participar en la construcción y desarrollo vital de este personaje, a suscribirse desde estos momento iniciales a esta historia seriada de misterio y aventura... en fin, a participar activa o pasivamente en lo que esta nueva ventana pretende ofrecer.
Aunque ya existe un enlace en este mismo blog que conecta directamente (aparte del recurso de utilizar la información del perfil) os proporciono aquí mismo la dirección para abrir la priméra página de este diario que comienza a escribirse.
“Me quedo aquí, a cualquier precio, no quiero saber qué será/ irse sin espacio en blanco para la vuelta.”
(“Sister of Nigth, assure me (en descenso a la Ciudad Prohibida)”, Del Epílogo y sus Muertes, Ángela Jiménez)
Se llama Ángela, Ángela Jiménez. Esta vez nació en Córdoba no hace mucho tiempo y pasará a la historia, estoy seguro de ello, por ser posiblemente la poeta más rotunda que haya dado esta tierra en mucho tiempo. Resulta una mujer altamente sorprendente y no lo es, aunque tiene lo suyo, por contar sus zapatos por cientos.
Cuando la re-conocí, yo tendría aproximadamente su edad y ella apenas era una chiquilla. Fue en la Facultad de Filosofía y Letras donde yo estudiaba Historia y ella Filología Hispánica. Por aquel entonces, nada podía hacerme pensar que tras ese aspecto de niña que se resiste a crecer se escondía una mujer fascinante, llena de pliegues y fisuras, con una voz poética tan personal y sangrante como la suya. El destino, implacable con esta suerte de cosas me reservaba un hueco, de nuevo, para ella en mi vida.
Lo cierto es que no puedo confesar todo lo que me une a este pequeño milagro sin arriesgarme a ser señalado y tenido por loco, así que desistiré de antemano y dejaré que los valientes que quieran cruzar el umbral del espejo, lo hagan por mí y se atengan a las consecuencias.
Cuando me decidí a abrir mi álbum de espejos, ella era, sin lugar a dudas, quizá esa candidata imposible de obviar, por muchas razones. Sin embargo hasta hoy no he encontrado, ya no motivos, sino impulso para hacerlo.
La necesidad ha venido después de leer su última dedicatoria. Hace una semana Ángela leía algunos poemas en el ciclo Versos del Sol que actualmente se desarrolla en esta ciudad poética casi por definición. En una pequeña plaquette titulada Sobreviva, regresa con versos de su primer libro de poemas, Arde Abril (los Catorce Ochomiles, Córdoba 2007); verdadero alumbramiento al mundo de su voz gigante que llega para quedarse, y avanza algunos que compondrán su nuevo trabajo, Del Epílogo y sus Muertes, del que hasta hace una semana era de los escasos privilegiados en conocer. Firmó muchos ejemplares allí y claro está que yo quise formar parte de aquel selecto club. En un gesto que la honra me dijo que prefería escribir esa dedicatoria con mayor tiempo y relax de que en aquel momento tenía, asunto que tomé como un regalo.
Hoy he recibido esas palabras que sin duda la sobrevivirán, por mucho que ella tema lo contrario y son el empujón que necesitaba para escribir lo que ahora escribo.
Lo son porque esta singular dama de briosa pluma, de grietas insondables y solidez que abruma sólo habita entre sus letras. Yo casi la veo a diario, tengola enorme fortuna de saber que después de catorce horas ininterrumpidas de conversación, aún nos dejamos cosas por contar… y sin embargo, (quizá por eso) sé que nada la revela con mayor autenticidad que sus líneas escritas. Nótese que no hablo siquiera de sus versos, incluso ellos tamizan la verdad. Algo tan sencillo y simple como una dedicatoria me la trae de vuelta, me hace reconocer todos los rostros de su espejo, encontrar en su fondo último aquella que he venido conociendo desde hace vidas, en todo tiempo y lugar… y sigue siendo fascinante la experiencia.
De su extensa dedicatoria nada desvelaré salvo una frase: “eres testigo y parte de cada verso.” Menudo regalo!
Ser testigo… Sé que habrá un día, ella lo duda, yo lo sé desde hace tiempo, que alguien la descubrirá en esos versos que sobrevivirán a la memoria, como un tesoro hundido. Alguien destapará su verso cuando todo lo que nos rodea sea ceniza y descubrirá una mujer desgarrada, tan apasionante que no cabe en unas líneas. Irá a buscarla a través del tiempo, desenterrará estos días que hoy nos parecen todo lo que existe, descubrirá que antes de todas las loas, que antes de todos los aplausos, que antes de todos los futuros aún no escritos estuvo el mío y seré el hombre más envidiado por ello. Cuando sepa de nuestras charlas eternas, de nuestros cafés interminables llenos de secretos, de nuestras idas y venidas por el infierno, deseará haber estado en mi pellejo y yo reiré feliz desde la tumba.
Ser parte… Eso, eso ni siquiera lo merezco. Pero si es cierto, que no lo dudo, si alguna palabra mía, si algún momento que compartimos, si mi presencia que ella asegura está siempre (y siempre estuvo) le inspira una línea, le hace tener la fuerza para escribir aunque sus versos no me dibujen (que no necesitan hacerlo) me doy más que por pagado y satisfecho. Algo de mi se quedará para siempre en sus heridas suicidas.
Nadie que en ella busque la rima fácil, el beso empalagoso, el adulterio de los versos hallará en ella nada, y mejor así; pero quienes busquen versos malheridos, entrañas a flor de piel, rotundas caídas a plomo en el vacío… quienes busquen poesía desde las profundidades del abismo, esos, esos ya no serán capaces de leer nada más después de encontrarla. Mi suerte, ya que el destino pocas más me ha ofrecido, ha sido estar tan cerca del milagro.
Y sólo entonces yo podré decir como ella que:
El sueño de Caravaggio pinta claroscuros sobre la arena…
El de Angela Merighi vuelve a sangrar hoy entre mis sábanas.
El Arkano guarda los secretos y el Diablo los desvela.
Desempolvando el arcón encuentro el que probablemente fue mi primer relato corto con conciencia de ser. Fue escrito hacia 1997 cuando aún no tenía terminado el primer volumen de Flor de Jade en cuyo mundo está inspirado. Reciclaría el personaje de Ahhrd el Balkarita, que aparece en el tercer volumen de esta saga como pequeño homenaje a este relato, totalmente inédito y al que me une, es obvio, un recuerdo especial. Ahora es vuestro.
El Duelo...
-...o breve relato no oficial de cómo cruzaron caminos el poderoso Ahhard de Valqk’Ar e Imân Nassir que llamaron Marawÿ-
Los soles gemelos herían la tierra desde el punto más alto de la bóveda celeste, lanzando sus pesados rayos hirvientes sobre la asolada arena de aquel escenario de torneos, ahora ruinoso y decadente. En el centro del círculo, pisando el suelo donde antaño hombres y bestias lucharon por su vida ante un público ávido de sangre y acero; allí donde el abrasador beso de los soles era más intenso y cruel, una figura, que acaso vista desde las últimas piedras de las desmoronadas gradas, semejaba el espíritu de algún gladiador caído en una justa, se erguía desafiando al tórrido clima como si aquél fuese un adversario a quien poder doblegar. Se encontraba impávida, con su arma en ristre, soportando con entereza la ardiente atmósfera sobre sus espaldas. Era un hombre corpulento, desnudo de torso... Aguardaba quieto, mirando fijamente el hueco oscuro y semidestrozado del portón que una vez sostuvo el rastrillo por el que penetraban en la arena las bestias. El grueso dintel de pesada roca, ya a medio caer, guardaba aún restos de la epigrafía que anunciaba, tallada en la piedra, un desafío a los combatientes, y advertía que fuera quien fuera -o lo que quiera que fuese- aquello que vomitara desde las tenebrosas profundidades que celaba, estaría dispuesto a vender muy cara su piel... o si fuese el caso, sus escamas. La arena emanaba un vapor transparente y flotante a causa del incesante baño de sol a los pies del guerrero... tras esa calina, cualquier cosa mirada al través de su velo turbio y ondulante cobraba un movimiento tembloroso que cargaba la vista e incluso producía dolor de cabeza... aunque, expuesto como estaba a la furia de los soles, Ahhard supuso que su cefalea tenía más razones de ser que la lista de pretendientes de una joven y rica cortesana. ¡Estaba empezando a retrasarse...! Por un instante la idea de que trataran de inquietarlo con la espera cruzó su dolorida frente a velocidad vertiginosa, pero; aún no se había desvanecido su estela cuando, con la misma fugacidad, le estalló una sonrisa en los labios. Por otra parte, pensó entonces, quizá fuese lo más sensato... Aquél desgraciado habría reflexionado sobre su osadía y tal vez decidiese darse otra oportunidad de seguir viviendo... Sí, quizá fuese lo más lógico.
....Los goznes chirriaron levemente cuando la puerta de la taberna se abrió permitiendo que una lanza de luz exterior atravesase con furia las tinieblas de la sala, trazando un arco considerable y descubriendo varios metros del piso de piedra que servía de suelo. La incompleta sombra de un guerrero se confundió con el resto de la oscuridad de la bulliciosa estancia, perfilando unas recias piernas y un torso fornido sobre el marco luminoso dibujado sobre las losas de la entrada. El recinto estaba poco alumbrado, un solo ventanal permitía el paso de los rayos solares al ensombrecido lugar, incidiendo con violencia, ganándole un minúsculo terreno a la negrura que habitaba atrapada entre las paredes del local. Aquella escasa luz resultaba insuficiente para adivinar, según se entraba cegado del exterior, las formas, perfiles y siluetas del mobiliario y los ocupantes que en él se acomodaban La estancia tal vez fuese tenebrosa, pero a ojos del recién llegado se ensombreció aún más a causa de la luminosidad de aquella mañana estival... sin embargo, poco tardó el oído y el olfato en revelarle aquello a lo que el ojo no alcanzaba... Una atmósfera pesada y densa acompañaba la escasez de luz, sazonada con un caótico tumulto de voces, conversaciones y risas... un murmullo constante y zumbón, tan solo roto por una música de cuerda alegre y machacona que se abría a paso con esfuerzo por entre la multitud de sonidos que habitaban entre las cuatro paredes de la taberna.... Un vapor a vino barato y otros licores blancos se mezclaba con poco acierto con el penetrante olor al salitre y el pescado en salazón proveniente del puerto.
Mientras Ahhard se acercaba a la barra, con paso lento y pesado, prácticamente nadie desvió la atención para contemplarle, sin embargo, él, caminaba aguerrido, imaginando que al menos buena parte de las miradas se habrían concentrado en su llegada y ahora mismo se debatirían entre los que ya le habían reconocido y los fascinados por su físico. Ahhard era un Balkarita, de la antigua Valqk’Ar, ahora Balkarí; región que se halla al naciente sol de Alwebränn, allá en las septentrionales latitudes del Ycter donde el hielo hace recios a los hombres y los hombres combaten contra el hielo... No, Ahhard no podía esconder los rasgos que lo delataban como tal... su considerable estatura, su desarrollada musculación, y en especial, aquél mentón cuadrado y prominente, aquellos ojos pequeños de clarísimas pupilas y ese cabello ceniza de escasos centímetros de longitud, el cual acentuaba la dureza de sus facciones y la rigidez de su expresión.
-Licor de Piedra- demandó el Balkarita cuando el posadero se acercó al lugar de la barra en el que había dejado caer cansino su robusto cuerpo. Aquél, que poco o nada había oído hablar del fortísimo licor enano, mostró su desconocimiento en una mueca de estupor. El recienllegado que pronto comprendió quedaría sin degustar una de sus bebidas favoritas, rebuscó en su memoria y pidió su segunda opción. -Cerveza de Hierro, pues.- solicitó, haciendo mención de otro caldo enano; Éste, de metálico color, centelleante capa espumosa y gélido tacto. .. sin embargo, volvió a escuchar una negativa por parte del posadero. -¿Cerveza Roja?- preguntó ésta vez, ya con los primeros síntomas de enojo invadiendo su rostro. Al oír el nombre del que tal vez pudiera ser la más famosa de las bebidas enanas gracias a su afamado color y su particularmente curioso sabor picante, el tabernero sonrió forzadamente. -Ninguna bebida enana, forastero- anunció sin perder su mueca artificial. -¡Qué me abran la tripa! Y tienes la osadía de llamar a este antro una taberna- farfulló volviendo el rostro, lo suficientemente alto como para que pudiera escucharlo una buena porción de la clientela. -¡Sírve tu mejor licor, viejo; lléname una jarra enana del mejor brebaje de ésta comarca!
.....El sudor caía en torrentes, despeñándose en gruesas hileras por su frente. Tenía las cejas y pestañas cuajadas de humedad; así como los pliegues de sus labios, llegando derramarse en gruesas gotas que mojaban durante unos segundos la árida tierra que pisaba. Todo su cuerpo rezumaba el acre olor y comenzaba a enrojecerse... Sus ojos recorrieron el graderío donde losas y huecos se alternaban en una sinfonía altisonante de proyectadas sombras para así poder traer al mudo escenario, caído, ruinoso y sobrecogedor el ondear de estandartes que antaño engalanaron estos muros al viento. Entonces, intentando imaginarlo en sus días de gloria, pretendiendo transportarse a aquella mítica época comenzó a escuchar el metálico son de las trompetas que rugen una arenga y a miles de gargantas bramando al unísono, como la tormenta tras el rayo, cuando la mano vencedora alza el acero antes de descargar el golpe fatal sobre el caído. Aquel lugar, aunque muerto, continuaba despidiendo ese aroma amargo-dulzón de la sangre, la gloria y la muerte... y, tal vez, aunque de aquellos espectadores que un día ocuparon las desbastadas gradas que se levantan en torno al círculo de arena, de aquellos estandartes y de aquellos sones de Gladias y combates, sólo quede un vago recuerdo en la vasta memoria del Pasado, esas piedras parecían querer hablar por sí mismas a quien quiera que osara penetrar en sus dominios. Hacía tanta calor... la madera que enmangaba la pesada hoja del hacha se escurría de entre los dedos de Ahhard como si estuviese lubricada. -No vendrá- Se decía para sí -No, maldito bastardo, no vendrá...
.....Su boca se llenó del amargo y espumoso caldo que rebosaba por los bordes de la enorme jara que había pedido, pero tan pronto alcanzó su garganta fue escupido, obligado a salir espurreado de sus labios en un gesto de evidente desagrado. -¡¡Por todos los Dioses!!- bramó, dirigiéndose colérico al posadero que aguardaba pasmado tras la barra. -¡¿Qué clase de bazofia servís por aquí?! ¿Es que acaso te he pagado para envenenare? -¡Es nuestra mejor cerveza, señor!- explicó asustado y absorto el posadero- Es la bebida favorita de la región-. -¡¿Esto?!- exclamó con fuerza el guerrero Balkarita agrupando para sí buena parte de la clientela que dejó su hacer rutinario para volverse y observar las imprecaciones del albo y musculoso humano. -¡Diablos, no me hagas creer que la gente bebe esto. El estiércol de mi caballo sabe mejor! -Pues ve a los establos y echa un trago, forastero.
.....“Tal vez debería haberme callado”- Pensó, volviendo a pasarse la mano sobre su empapada frente... Maldijo su orgullo y continuó esperando bajo los soles...-”La próxima vez me batiré de madrugada.”
.....Las pupilas de hielo del balkarita se tornaron hacia el lugar del que provino la voz, descubriendo a un hombre inmenso, bofo, de largos cabellos negros y una barba montaraz que se sentaba a unos metros de él en la barra. El silencio cayó como un jarro de agua fría; poco a poco, los últimos sonidos y ecos de los dados que correteaban por las mesas o los residuos de las palabras finales de alguna conversación se fueron disipando ante la expectación que suponía el inicio de una eventual pelea. -Tranquilo Ursus, el forastero no pretendía insultar- corrió presto a decir el posadero temiendo que aquello llegara a más -No le hagas caso, Ursus- añadió Ahhard sin desclavar sus pupilas de los ojos del tipo –Tenía toda la intención de ofender. -Por tu propia salud espero que pidas perdón a esta gente. Ahhard abandonó su asiento y se acercó unos pasos más hacia su adversario... el ambiente en el resto de la sala comenzó a ponerse tenso. La mayoría eran hombres de mar; tipos duros y curtidos por la sal y la espuma... Ante la descarada injuria del extranjero no tardaron los más pendencieros en levantarse y comenzar a aproximarse hacia el lugar de la disputa; aunque el aspecto temible del recienllegado les hiciera extremar las precauciones y apoyarse en el número. El balkarita llegó a la altura de Ursus sin que aquél pareciese inmutarse con ello que incluso se tomo la temeridad de mandar calma con un gesto a sus eventuales aliados. -¿Sabes quién soy?- preguntó el albino provocador. Aquél dio un largo sorbo a su jarra antes de contestarle. -¿Necesito saberlo? El guerrero desvió la mirada del obeso oponente con aire de desprecio. -¿Qué puedo esperar de alguien que bebe esta clase de cerveza?- Ursus agarró al balkarita de sus colgantes y éste se deshizo de él; y así ambos se enzarzaron en un momentáneo ir y venir de agarrones y brusquedades sin escuchar las súplicas del temeroso posadero. Los marineros parecían no terminar de decidirse cuándo entrar en acción -¡Vamos, forastero, salgamos fuera!- apremió Ursus cuando, entre forcejeos, ninguno de los dos consiguió reducir al otro -No vamos a destrozarle el local al pobre Oraz. -Amigo, puedo aplastarte sin necesidad de tocar una mesa- Aseguró Ahhard sin vacilar. -Me gustaría verlo- Casi no había concluido la última palabra cuando, lo que el enorme Ursus pensó era una presa formidable, se le escapó de entre los dedos como el viscoso cuerpo de un pez. Antes de que pudiese reaccionar, el balkarita se había liberado y, agarrando una jarra enorme de cerámica, la estrelló contra el rostro del incauto, convirtiéndola en trizas sobre su cara. El pesado cuerpo de Ursus se desplomó a sus pies ante el asombro general. Ahhard le aferró de sus cabellos mostrando su cara sangrante e inconsciente al público mientras se dirigía a ellos. -Mi nombre es Ahhard de Balkarí- Al pronunciar aquel nombre hubo un revuelo sonado entre las mesas, y un comentario se extendió de boca en boca... – Me llaman ”El Invicto”, y declaro que vuestra cerveza apesta, tanto o más que los aprendices a héroes como el amigo Ursus- añadió agitando su cabeza desde los aferrados cabellos. -¡¡El gladiador, el gladiador!!- se decían unos a otros; en efecto: Ahhard “El Invicto” gladiador de las mejores arenas, temido y respetado; de quien dicen ningún hombre ha logrado batirlo en una justa y de quien auguran, ningún hombre lo hará. -Si alguno de vosotros quiere probar su valía conmigo; adelante, le estoy lanzando un desafío.
.....Ahhard respiró hondo llevando hasta sus pulmones una bocanada de aire abrasador que le quemaba por dentro... -Está claro que no va a venir- sentenció, harto de tostarse al sol -Es de estúpidos seguir aquí.- Con éstas, se giró y comenzó a caminar hacia la primera puerta que lo sacase de la majestuosa arena del anfiteatro y justo llegaba a ella cuando el sonido de una piedra que corretea y se precipita por entre las gradas, levantando ecos, lo llevó instintivamente a girarse en redondo, arma en puño, para descubrir quién o qué alteraba la calurosa quietud y el sepulcral silencio de aquellas reliquias... Sus ojos atravesaron la maltrecha arquitectura en busca de la sombra delatora sin que nada perturbara el reposo de sus grandes bloques de piedra, de sus arcos o de sus eternos recuerdos de otros tiempos... pero allá, mezclada entre las sombras, la calina y el polvo, los gélidos ojos del guerrero apreciaron débilmente la vaga silueta de una figura arropada en el abrazo oscuro de los accesos a las gradas. -¡¡Es él!!- exclamó para sus adentros- ¡¡Ha venido!!
El desafío del famoso Balkarita había quedado suspendido en la atemorizada y silenciosa atmósfera de la taberna sin que nadie apartase la vista del fornido gladiador, quien todavía sujetaba el pesado cuerpo de Ursus por los cabellos, sin que ninguna garganta tuviera el suficiente coraje o careciese del juicio necesario para aceptar su reto. De pronto, una de las mesas del fondo produjo un chirriante sonido al deslizarse sobre el suelo de piedra; aquello, por instinto hizo que las pupilas del guerrero se tornaran en su dirección. Una figura ataviada con amplias ropas oscuras de anchos pliegues que no dejaban perfilar su cuerpo, y cubierto el rostro con un embozo propio de los hombres del desierto, y que a duras penas mostraba unos ensombrecidos ojos, abandonó su asiento. Su indumentaria era inequívocamente la de un Marawy de la tribu Ubbek nómada de las arenas, tan habituales por estos lares de áridas tierras, aunque algo le decía por su forma de caminar que tal vez sólo fuesen sus ropas... quizás un ladrón... quizás un gato... A su lado parecía un niño; muy inferior en estatura, en complexión... fuera quien fuese el que se ocultaba bajo aquellos ropajes no debía inquietarle... y no le inquietaba. La figura se detuvo unos segundos ante él, y durante este breve espacio de tiempo sus semiocultos ojos se clavaron en el rostro hierático del gladiador. Sin duda fueron aquellos ojos; sin duda, tenían algo extraño... no parecían los de un hombre. Sin embargo, pasó de largo y se dirigió hasta la barra; Allí dejó una Dama de oro y un trozo de apergaminado papel... luego, con una calma y serenidad pasmosa, abandonó el local. -La nota es suya, señor- anunció entre balbuceos el posadero, una vez el misterioso personaje se hubo marchado. Los encallados dedos del luchador agarraron el rugoso papel. Una elaborada caligrafía de bello y ornamentado trazo manchaba amarillento papiro. Aquello desconcertó por completo al gladiador... Acabó leyéndolo con dificultad, apenas si sabía y la floreada rúbrica no le facilitó las cosas. Decía:
Acepto el Duelo, Ahhard el Invicto... Cuando los soles se encumbren en el cielo en las viejas ruinas del Circo. Apuesto que conoces el lugar. No faltes o tu Honor podría estar en entredicho...
....Las pupilas del balkarita, recordando aquel mensaje de insólita caligrafía, se alzaron al cielo... los soles se cernían sobre él como aves de presa. ¿Un pastor de las arenas con tan delicada grafía?... Aquí no se habían dicho las últimas palabras. -¡¡Llegas tarde!!- gritó a la difuminada silueta, pero aquella no le contestó, se limitó a internarse en los pasillos que atravesaban la construcción para, momentos después, surgir bajo el desmoronado dintel del portón de las bestias, frente a su adversario, caminando con decisión hasta el centro del recinto. -Pobre loco, espero que sepa lo que hace- se dijo Ahhard contemplando la figura que se aproximaba a él y que, en apariencia, tanta desventaja tenía contra un guerrero de su calibre. En todos estos años ningún hombre, de todas las razas o castas del Continente había conseguido doblegarlo... algunos ciertamente temibles, con un historial en combate que dejarían a un Mariscal Imperial a la altura de un párvulo. Ambos combatientes se encontraron en mitad del cerco de arena de impresionantes dimensiones, y allí se estudiaron en silencio el uno al otro. -Ésta es mi arma- indicó Ahhard mostrando su hacha de combate de doble hoja, la cual bastaba una mirada para asegurar que harían falta varios hombres como el nómada para lograr blandirla. -¡Muéstrame tu acero! De los pliegues de sus ropas, sin articular palabra el extraño hombre del desierto extrajo una daga curva de amplia hoja y labrada empuñadura -¿Estás seguro que quieres enfrentarte a mi “Depravada” con eso?- insinuó tanteando el peso de su arma. Como respuesta su adversario adoptó una posición de ataque. -Basta de charlatanería ¿No es cierto?, Adelante- le conminó con un gesto de su mano. -Enséñame qué sabes hacer.- Aquél, en un rápido movimiento se acercó a él y le golpeó con la pierna en un costado; el golpe fue duro, pero rebotó inofensivamente en el férreo cuerpo del experimentado gladiador... Éste, con el pomo de su imponente arma batió el rostro encapuchado del nómada, enviando sobre la candente arena como si fuese de goma. -Vaya, va a ser más fácil de lo que esperaba; imaginé que después de tanta espera me ofrecerías algo mejor. Confieso que estoy decepcionado.- El mortal y pesado acero de doble hoja se alzó en el aire con intención de hender la carne y partirlo en dos; No obstante, sólo pudo morder el ardiente polvo del legendario lugar, ¡La figura ya no estaba! ¡Ni siquiera la había visto levantarse...
Torció el cuello esperando encontrarlo. En efecto, allí estaba, y como si por un momento le dotasen de alas, se despegó del suelo en un terrible salto e impactó con la bola del tacón en su desprotegida mandíbula. Esta vez su rostro se torció y un ahogado gemido despertó en su garganta; las lágrimas brotaron a sus ojos y todo su peso se vino abajo cuando una rodilla se le hundió en la tierra. Un pensamiento cruzó su cabeza recordando las lecciones en la escuela de gladiadores en su Balkarí natal, con seguridad la mejor cantera de esta estirpe de guerreros... “Jamás vendáis la piel del oso antes de cazarlo” Su mano palpó su boca ensangrentada, aún con la rodilla en tierra, y el fluido vital quedó pegado a sus dedos de forma que pudo contemplar el tono ígneo de la sangre mientras su boca se inundaba del sabor salitre que desprende. Un sentimiento de cólera invadió su cuerpo. El nómada lanzó una patada a su postrado adversario, pero aquél detuvo el golpe aferrando con aquella manaza el tobillo, como si el ataque lo hubiera propinado un chiquillo travieso; de un brusco tirón hizo que su enemigo perdiese el equilibrio y colisionase de espaldas al suelo en una dura caída. ¡El combate había comenzado! Y con seguridad exigiría entregarse a un porcentaje mayor al que en un principio suponía. Aferrando su hacha se aprestó a la lucha.
Así, desde las desgastadas filas de asientos, mirando desde la grada más alzada pudiera decirse que, en aquél escenario olvidado y ruinoso, que tantas veces contempló, en singular combate, a dos hombres batir sus aceros, se hubiesen citado, quizá, dos almas que en un tiempo, ante la mirada de miles de espectadores, ya se hubieran encontrado sobre esta misma arena y bajo la furia de los mismos soles; para saldar una cuenta que, tal vez, quedara pendiente desde aquellos días inmemoriales. El combate fue duro y se alargaba mucho más de lo que Ahhard habría apostado. Si bien el mortal filo del hacha había llegado a rasgar los vestidos de su oponente sin causar el daño que habitualmente provocaba en sus víctimas, él también había sufrido el roce de la hoja del cuchillo de su adversario, abriendo su desnuda piel y haciéndole brotar la sangre... El cansancio se apoderaba de los músculos y los soles herían como lanzas y hacían sangrar con más virulencia que los aceros, el sudor mojaba los cuerpos y la vista empezaba a nublarse... La espalda del nómada impactó contra una pared y allí su cuerpo pareció ceder a las embestidas furiosas del oso de Alwebränn quedando inerte, sucumbido, a merced del acero de su adversario. Ahhard jadeaba como un perro exhausto mientras contemplaba el cuerpo yacente del extraño combatiente. -Ha sido un combate duro...- afirmó entre jadeos y respiraciones. -Pero ningún hombre ha visto mi espalda contra la arena. Si estas piedras pudieran hablar tal vez ahora mismo rugirían alzando el pulgar, pidiendo mi clemencia... Yo mismo podría asegurarte que has sido un oponente de categoría... Pero están vacías... nadie contempla una pelea desde sus asientos en muchos siglos; así que yo mismo dictaré la sentencia... y me temo que no voy a ser tan benevolente- Esto dicho, alzó su formidable hacha y trazó un amplio círculo, imprimiéndole una velocidad de letalidad incalculable a la descarga; pero... volvió a encontrar la roca como víctima. La daga bailó entre los dedos del encapuchado como una serpiente, y su cuerpo recuperó, como dotado del Don de los Dioses, la agilidad y el movimiento... Deslizándose, como un suspiro que exhalan los labios, cruzó un flanco y proyectó la afiladísima hoja de su daga hacia las corvas de las piernas del coloso; donde cortó carne, músculos y tendones, y la sangre manó en ríos. Un alarido de dolor quebró la garganta del gigante ártico, bastando un empujón para que su espalda besase por primera vez la arena. Sus ojos azules como el mar divisaron el cielo raso y los soles gemelos presidiendo el combate... entonces supo lo que era sentirse en la piel del vencido. El acero que cortase la carne de su pierna amenazaba, todavía sangrante, su cuello; a un paso de rasgar el velo translúcido que separa la vida de la muerte. Tantas victorias, tantos torneos, y habría de ser vencido ante un graderío antiguo y desierto. -¡Acaba, maldito sea tu nacimiento, seas quien seas! ¡Vence al “Invicto”; a quien ningún hombre había doblegado! No retrases mi encuentro con los Dioses. El encapuchado sostuvo el curvado filo de su cuchillo en la garganta del gladiador durante un instante, momentos, quizás, los últimos en la vida del laureado guerrero... pero... incomprensiblemente, liberó su presa y le perdonó la vida. Ahhard abrió los ojos en un instante en el que, momentos atrás, ya se veía camino del Gran Banquete en la mesa de los Ancestros; y contempló a su vencedor, erguido, victorioso ante él. -No, tal vez los Dioses no quieran verte morir hoy...- dijo aquél. ¡¡Su voz, esa voz!! ¡¡No era... no... es la de un... !! -Quizá quieran verte pelear al menos una gladia más... Eres un gran guerrero pero tu arrogancia te ha vencido... ¡Levanta Ahhard de Balkarí “El Invicto”!, pues tu trono sigue sin usurpar. Ningún hombre te ha vencido y probablemente ninguno lo haga mientras vivas...- Las manos, antes enguantadas del extraño nómada se desprendieron del turbante y la máscara de su rostro. Un torrente de oro se despeñó desde su frente tras los hombros, bañando la espalda y cubriendo los senos... un cabello dorado y luminoso junto con unos ojos, esos ojos que ahora sí podían apreciarse a la brillante luz del sol. Una piel blanca, un rostro hermoso. Ahhard abrió los ojos ante el descubrimiento. -...Quien te ha vencido, hijo de las nieves, quien ha puesto el acero en tu garganta y te ha hecho besar la arena... se llama Imân Nassir y es... una mujer.
Abriremos el arcón con un relato titulado Amanda trémula Et Aeterna ultor Ánima. Corresponde al nº 8 de la serie titulada Los Rolatos de Crom que fue publicado y distribuido por toda España en 2002 por la Editorial QuepuntoEs. Dicha editorial abrío un concurso en su web destinada a recibir un relato sobre el cual se diseñase un módulo de Rol, éste en concreto para el Juego de Rol Aquelarre. Escribí el relato y particié en coautoría con Rafaél Barranco en el diseño del módulo inspirado en él, que omito en este caso. Presentamos el relato a concurso y fue uno de los seleccionados y finalmente publicado. Espero que lo disfrutéis.
Amanda Trémula Et Aeterna Ultor Ánima
Rolato para Aquelarre,
Juego de Rol demoníaco-Medieval.
por :J.Vilches.
...Y Dios Volvió la Mirada.Prólogo.
Amanda corría todo lo que sus piernas eran capaces de dar de sí. Sus lívidos pies descalzos sangraban por las heridas abiertas contra los afilados guijarros del bosque; Su vestido, si acaso así pudiéremos llamar a aquellas rancias telas enjironadas, cuajadas de sangre y mugre, se deshacía en los bajos más allá de sus rodillas. Aquellas piernas blancas se cosían a arañazos, el pecho le ardía como si el aire que le daba la vida fuese polvo de fuego que le abrasase por dentro y el corazón martilleaba frenético dentro de su jaula. Estaba exhausta, pero no viviría mucho tiempo más si rendía ahora sus fuerzas. Los ladridos de aquellos perros carniceros estaban muy cerca, y junto a sus aullidos, podía escuchar las voces de los soldados de Don Calixto.Sus pisadas graves y sordas hacían temblar aquel bosque lúgubre como cadáver, aquella guarida de meigas cargada de oscuras leyendas que no parecían arredrar a aquellas bestias que la perseguían, ni a los fieros canes que traían consigo.
Quiso morir allí mismo, privar a sus verdugos del placer que encontrarían en sus carnes.
Amanda era la prostituta de O Santo y ahora acusada por el Señor de aquel feudo perdido de la mirada de Dios... El trato que recibiría de sus captores sería cruento y largo, por eso no podía concederse la menor tregua aunque sus piernas y su aliento así lo suplicasen...La visión se le nublaba ante el esfuerzo sobrehumano; aquellos perros bien adiestrados seguían tras ella ganando terreno a cada zancada, olisqueando y gruñendo como fieras expulsadas del infierno. Amanda se encomendaba a Dios en susurros apenas inteligibles mientras corría desesperada ignorando el dolor; incluso lo haría al Demonio, si él le escuchaba primero; a éstas alturas ya nada tenía valor para una vida inhóspita a punto de ser arrebatada.
No lo vio, apenas supo qué le golpeaba en la cara hasta ensangrentarle los dientes y precipitarla al suelo, en cuyo abrazo se consumieron los escasos hálitos que le restaban. Surgió de la espesura, como la Muerte, a traición.
Amanda era joven y hermosa, aquella hermosura que añoran las ricasdamas y que Dios parece conceder a una villana sólo para procurarle infortunio; aquella misma belleza y juventud que habían prendado a Don Calixto hasta hacerlo enloquecer por la doncella y convertirla en su amante.
-¡¡Perra!! ¡¡Bruja!!.- dijo una voz preñada de odio. Ella, en el suelo, conmocionada por la terrible sacudida no podía ver quién la insultaba pero apenas tuvo duda de su identidad. Ya estaban allí... que Dios se apiade de su alma y le dé fuerzas para superara este amargo tránsito.
Una violenta patada casi la incorpora de nuevo y un dolor lacerante en el costado le advirtió de alguna costilla fracturada tras el duro lance
-¡No volverás a comerte a nuestros hijos, Adoradora de Satán!-
Luego llegaron los perros. La primera dentellada mordió su pierna y de su garganta se elevó un grito que apenas hacía justicia a aquel dolor inhumano... la segunda y laterceraya apenaslas sintió. Entonces escuchó sus risas... aquella diversión insana que algunos encuentran ante el sufrimiento ajeno. En aquel delirio entre narcótico y letal producido por el dolor y la extenuación, sumadas las risas, los gruñidos y las voces, notó cómo un centenar de manos la agarraban y destrozaban sus ropas... Escuchó sus insultos, sintió sus golpes, probó su sangre...
Tenía los ojos cerrados... no podía abrirlos, pero de haber podido hacerlo tampoco hubiese dado aquel privilegio a sus verdugos... mirarles aquellos rostros sórdidos y obscenos sólo agravaría aquel martirio indigno... incluso ahora, la hoguera se le presentaba como una muerte piadosa.
Una bandada de cuervos negros emprendió el vuelo desde las copas de los árboles más próximos con los primeros gritos, como si huyeran de tanto horror... En aquel espectral bosque, donde la vida se volvía un milagro, todas las criaturas guardaron silencio... sólo los lobos aullaron en un fantasmal Requiem de difuntos, allá en sus lomas; en un canto que anticipaba su entrada al Infierno.
-No se mueve; Está muerta.- dijo al fin, después del suplicio uno de aquellos guardias ante el cuerpo exánime de la joven. Poco a poco la locura de hacía unos instantes dio paso a un amargo silencio.- Volvamos al castillo y digamos a Don Calixto que el trabajo está hecho.
-Se alegrará de saber que la bruja no volverá a campar por estos lares.- masculló otro con regocijo. Y entre bravatas y risas abandonaron aquel jirón desnudo y ensangrentado que era la muchacha, esperando que las bestias del bosque acabaran lo que ellos habían empezado.
El bosque continuaba en aquel silencio hosco, reprimido; había enmudecido de repente, sabedor de lo allí ocurrido.También él parecía contener el aliento...
Pero Amanda no estaba muerta... un hálito de vida asomó a aquel pecho destrozado en forma de compulsiva tos... Como pudo, logró volverse y arrastrarse con las mínimas fuerzas que aún atesoraba en aquel cuerpo dolorido. La vida se le escapaba entre las piernas y por las múltiples heridas y fracturas recibidas en el tormento. Dejaba un extenso caudal carmín, como la estela que colocan a los pies de las grandes dignidades en los protocolos elegantes; un rastro que señalaba su agónico avanzar por entre aquel bosque cadavérico, escenario de la carnicería. Clavando sus uñas en el tronco de un árbol consiguió erguirse sobre sus piernas bañadas en púrpura y tuvo el coraje suficiente de conseguir sostenerse sobre ellas. Continuó avanzando sin saber dónde la conducían aquellos pasos inciertos...Movida por el deseo de alejarse todo cuanto fuese posible de aquel lugar maldito... casi por inercia... y avanzó al través del bosque lo que le parecieron siglos.
Al fin sus fuerzas no pudieron dar más de sí y sus rodillas flaquearon. Cayó sobre la tierra húmeda con brazos y piernas. El silencio continuaba reinando en aquel bosque de interminables brumas; sin embargo....
Había llegado a un claro en el profundo corazón de aquella sombría arboleda. En su centro había un altar de piedra gris labrada, comido de hiedras y musgo... tras él, un enorme árbol muerto, apenas untronco vetusto y repleto de nudos, como si estuviese en aquel lugar desde el mismo día de la Creación... sin hojas, apenas tampoco sin ramas... pero en su nublada visión todo aquello acaso no era sino manchas sin forma ante sus ojos. Avanzó casi a tientas, arrastrando su blanquísimo cuerpo sembrado de heridas y se dejó caer a medio morir sobre la fría losa de piedra, como si hubiera bien de servirle de morada a su último suspiro, y luego, por qué no, también de lápida donde señalar su tumba. Su sangre, abundantemente despeñada, dio de beber a aquel musgo sediento y a aquella hiedra enflaquecida y logró al fin traspasar la muralla vegetal y tocar la labra en la piedra, llenando sus muescas de aquel fluido espeso y salobre que poco a poco le arrancaba la vida...
Un olor a flores silvestresy a madera perfumadala sacó de los trances de la muerte. Ignoraba cuánto tiempo había permanecido privada de consciencia sobre la losa gris... pero aún rescató energía para abrir los ojos ante unos ecos sordos, como pisadas gigantes que se aproximaban abriéndose paso entre los árboles sin voz del bosque...Entonces, la visión que presenció la hizo creer que ya cruzado las puertas del Abismo.
Era una figura colosal, vestida de pieles, quizá como un trampero pero cuatro o cinco veces la estatura de un hombre, se sentaba en aquel vástago de madera milenaria, que ahora cobraba los perfiles de un ornamentado sitial, donde ramaje, vetas y nudos hacían las veces de escabel, brazos y lienzo... Sus piernas eran cada una del grosor de un roble centenario y su torso, como el del gigante Filisteo a quien David mató para gloria de Israel, como cuentan las Escrituras... Tenía un rostro grave, barbado y si se hubiese ataviado de blancas vestiduras hubiere pasado por el Padre Eterno en su sede Celestial... pero no lo era... ni aún podía intuir que fuese real.
El pánico la hizo echarse hacia atrás pero la gravedad de sus heridas la devolvieron enseguida al suelo. Movía las manos ante sí como si con aquel esforzado gesto el coloso desapareciese desu vista con la misma quietud con la que había llegado.
-¿Eres tú mi cordero?- atronó la voz del gigante con un reverberar tan hondo que hizo levantar al vuelo a todas las aves del bosque y esconder en sus guaridas al resto de los habitantes. -Tuya es la sangre del sacrificio... Tuya es la vida que me a traído hasta aquí. Yo soy Barbatos Ex Conde del Valle de la Soledad... y este lugar es sagrado para mí. ¿Qué quieres, Amanda...? ¿Qué has venido a pedirme, Carne Mortal?
Ella no logró retener por más tiempo un llanto amargo y terrible que apenas pudo ahogar tanto sufrimiento... Quizás el miedo... quizás la impotencia... quizás sólo el dolor... Tragándose la rabia, con los ojos henchidos en lágrimas y el cuerpo bañado en su sangre se dirigió decidida hacia la aparición que ya no parecía intimidarla, como si poco más hubiera de perder ante ella..
-¡Mira lo que me han hecho!- le mostró retirando sus ígneos cabellos ensangrentados del rostro para que aquella visión pudiera ver sin reparos las marcas de la violencia.- ¿Puede esto hacerse con un semejante? ¿Merece alguien tamaño castigo por algo que no ha hecho?
-Quizá quieras... ¿La Venganza?- dijo aquella voz serena y poderosa como el trueno que hizo temblar los pilares de la Tierra.
-Quiero... Justicia.- suplicó ella- Que cada cual pene por sus propios pecados. Que quienes me han hecho esto no encuentren descanso jamás... y quien lo ordenó arda en los Infiernos por sus propios crímenes.
-Yo... podría darte ambas cosas...- confesó la voz de caverna.- ¿Qué me darías a cambio tú?
Amanda con la desesperación de quién ya nada posee, acabó por rasgarse lo que le quedaba de ropa y clavó sus rodillas ante aquel titán del Abismo.
-Toma los despojos de mi cuerpo si quieres, ya son carroña; o arrebátame el alma hasta el Infierno de donde vienes, Demonio, que tengan un motivo cierto para quemarme en la hoguera, entonces.Haz conmigo lo que te plazca, que ya no serás el primero, pero dame el gozo que te pido, concédeme Venganza y Justicia más allá de la muerte.- Amanda se derrumbó en el suelo, agotado el aliento y allí quedó abrazándose sobre si misma,temblando de soledad y frío sin esperar siquiera una respuesta.
-No sirvo al Cielo o al Infierno,- retumbó la voz del gigante con majestad.- No soy Angel ni Demonio... Soy Barbatos y no me interesan ni tu cuerpo ni tu alma... Deseo un advenedizo, un aprendiz que sea mi Voluntad, mi Elegido y Guardián en ésta, mi Casa...Por eso quiero.... a tu hijo...- Amanda le miró con extrañeza puesto no había concebido hijos nunca.-Al que llevas dentro... ese que es fruto de esta tarde....- aclaró el Titan; Ella comprendió al instante y se tocó el dolorido vientre en un gesto de repugnancia... débilmente cabeceó una dolorosa afirmación.
-Tuyo es, Criatura, tuyo...- Barbatos esbozó una sonrisa complacida desde su arbóreo sitial.
-Vivirás Amanda, aquí, en mis dominios. Engendrarás a esa criatura y la entregarás bajo mi custodia; a cambio te concederé una Justicia más allá del espacio y del tiempo; y del Juicio de Dios o del Diablo... Ésta es mi Casa... y aquí mi Voluntad es Ley.- La voz desapareció en un susurro de viento que se alejaba despacio
Amanda abrió los ojos... Estaba sola en el claro... Nadie se encontraba ya a su lado. No había rastro del coloso.... el tronco retorcido seguía pareciendo tan sólo un árbol muerto y nada alteraba la quietud malsana de aquel bosque... Quizá en su arrebato lo había imaginado todo...
Entonces escuchó murmullo entre la maleza cercana. Un olisquear apresurado, un apartar de ramas y matojos... De allí surgió una sombra que caminaba a cuatro patas... Cuando pudo reconocer sus formas un terror inhumano se apoderó de ella y el corazón le dio un vuelco. Era un lobo, un lobo descomunal de negro pelaje y ojos de depredador que llegaba al claro atraído, quizá excitado, por el olor de la sangre allí vertida. Pronto hicieron su aparición dos bestias más, de idéntico desmesurado porte, muy cerca del primero. Ella trató desesperadamente de huir de tan sangriento destino sólo para advertir que otro fiero can se encontraba a sus espaldas, subido en la piedra gris del altar y desde allí la miraba con aquellos orbes amarillos como si dentro de su cabeza de asesino acaso anidara inteligencia. La pobre Amanda se cubrió torpemente el rostro cuando los animales estrecharon el círculo y alcanzaron su cuerpo, a la espera de la dentellada que habría de poner fin a su vida...
Pero inexplicablemente aquellas bestias no pretendían devorarla... como dóciles animales de compañía se acercaron cálidamente hasta su cuerpo destrozado y comenzaron a lamerle las heridas... Una voz quebró de nuevo el silencio... una voz que no le pasó inadvertida.
-Vive, Amanda.... y recuerda nuestro trato...
In Ictus Oculi.La Historia.
La Muerte te arrebata en un parpadeo... sin pedir permiso... sin ofrecer alternativa...
Aquellos hombres entraron en la decadente estancia. La oscuridad reinaba tiránica entre sus pasillos y muros, cargados de lamentos y ecos de gemidos, apenas vagamente iluminados por teas de cuando en cuando. Eran tres hombres y una mujer. Ella, joven, de generosas formas y hermosos rasgos hebreos... Ellos, bravos y robustos, dos ataviados para la guerra, el tercero de riguroso negro de botas a cuello, cubierto por una luenga capa del mismo color siniestro... avanzaron hasta encontrarse con el carcelero. Era un hospital mental pero en poco o nada habría de diferenciarse de unas mazmorras cualquiera... la misma oscuridad, la misma pestilencia, el mismo inmundo trato. Aquel hombre sudoroso y obeso les condujo por entre los pasadizos sembrados de dementes, encadenados como reos de patíbulo. Al fin se detuvo en una de las celdas, una de tantas. Rebuscó pacientemente en su pesado manojo de llaves de bronce y abrió los barrotes. En su interior un hombre famélico y dramáticamente envejecido se sentaba en el suelo con las piernas recogidas entre sus brazos y con la mirada perdida en el vacío, al tiempo que movía rítmicamente su torso en un balanceo sincrónico intermitente. Un nauseabundo vapor de orines acumulados abofeteó el rostro de todos los presentes, dando su particular bienvenida a los dos hombres que acompañaron al carcelero al interior de la jaula. Aquél propinó un puntapié al reo antes de hablarle.
-Samuel, levanta; estos nobles caballeros han venido a hacerte unas preguntas.- El agredido emitió un quejido apagado y gesticuló una protesta antes de regresar a su rítmico vaivén.- Ahí le tienen Vuestras Mercedes, es todo suyo.- anunció, y sonándose los mocos sobre su peludo antebrazo, regresó por donde había venido y volvió a su puesto.
El hombre de negro se agachó ante Samuel que no cesaba en su monocorde balanceo, como si nadie más hubiese en su celda.
-Samuel... Samuel...- dijo una voz grave y ajada, de bronco timbre y pausada modulación- Soy Santiago; mi amigo es Bras Argois... queremos ayudarte.- Samuel se mantuvo en silencio en su acompasado cabecear como si fuere sordo. Santiago intentó de nuevo arrancarle una palabra al enajenado individuo pero aquél continuaba enmudeciendo.
-Escucha, Samuel... te... hemos traído algo.- Bras sacó una botella de entre sus ropas y la descorchó de un rápido movimiento bebiendo de ella un largo trago. Luego la pasó a Santiago que también bebió abundante. Al término, éste la extendió hacia el reo.
-¿Quieres vino?- le ofreció mostrando el vidrio ante las narices de Samuel; el olor del caldo se escapó por el cuello del recipiente... Un olor que Samuel casi había olvidado. Aquél no levantó la mirada del suelo, a pesar de todo, aunque en su interior había comenzado una guerra, quizá perdida de antemano.
-Supongo que en este basurero no bebes vino muy amenudo. Es de una buena cosecha...- le animó de nuevo aquel individuo de negro.
Samuel levantó la cabeza pero la regresó rápido de nuevo al suelo; tras un momento de pausa arrebató la botella de la mano enguantada de Santiago y bebió un ansioso trago, obviando que el caldo se despeñara por sus labios y empapase la raída camisola que le servía de vestidura. Luego acurrucó la botella sobre su pecho, protegiéndola con ambas manos como si fuese el Tesoro del Infiel.
-¿Es Vuestra Merced un sacerdote?- preguntó aquel hombre en un hilo de voz sin dejar de balancearse.
-¿Qué decís?
-Dijeron que venían a ayudarme... y a eso sólo un sacerdote puede hacerlo. ¿Son Vuestras Mercedes sacerdotes?- Santiago volvió la mirada a su compañero y aquél le refrendó un cabeceo afirmativo.
-Claro Samuel, soy sacerdote. He venido a escucharte en confesión, hijo. Cuéntanos... Cuéntanos que ocurrió en Pontevedra, en aquel bosque.-
Samuel levantó la mirada en un gesto de horror y la clavó en Santiago. Sus ojos, dilatados como una hembra lasciva, llameaban de demencia, como si sus peores pesadillas se hicieran carne ante sí.
-No, no...no... ¡Guardias!- Bramó enloquecido- No... El bosque no... eso no.- Santiago, alarmado por la reacción trató de calmarlo.
-Vamos, hijo mío. Contarlo te hará bien... Te aseguro que después de hablar con nosotros tu espíritu hallará la paz que anhelas.-
Aquello pareció surtir efecto para tranquilidad de todos y sorpresa de Santiago.
-¿Está seguro, padre?
-Te doy mi palabra.
-Está bien, lo contaré...
Yo... Yo no quería entrar allí, se lo aseguro... Se lo advertí, se lo advertí a todos. Señor, que deste bosque dicen los del lugar que tiene meigas...Que cuentan de un horror muy grande. Una bruja que fue muerta aquí y todavía campa llevándose las almas de los hombres armados que osan quebrar su descanso... pero él no quiso hacerme caso... Historias de viejas, me dijo.... Historias de viejas que pueden matarte.
-¿Quién es Él? ¿Dónde... dónde oísteis tales historias, Samuel?
-En O Santo, el último pueblo, a la linde del bosque, de donde era la bruja. Decían que raptaba a los niños al anochecer y se los comía en rituales obscenos a Belcebú... que era una ramera barata que quiso endemoniar al mismísimo señor del feudo y que sus hombres le trajeron su cabeza cuando ya la creían muerta tiempo ha.
Él era Don Ricardo de Bisoña, sobrino del Barón de Torredelduero, mi señor, a quien escoltábamos hasta Compostela en viaje privado.
-¿Quién más os acompañaba, Samuel? ¿Quién más fue con V.M en aquel camino?
Mi cuñado, Laredo, soldado como yo a las órdenes de Don Ricardo, y el fraile franciscano, Fray Cosme de Santillana, confesor de mi señor. Él se empeñó en que no debíamos retrasar más nuestro viaje, que prefería enfrentarse a leyendas de comadres antes que postergar una jornada más nuestro periplo. Yo se lo advertí, padre, pero él no me hizo caso, no me hizo caso...
-Está bien, Samuel, ¿qué ocurrió en ese bosque?
-Ese bosque era fantasmal, padre...- aseguró desgarrando su voz en un susurro agónico- apenas cruzamos sus lindes nos apercibimos que no había sonido alguno...ni pájaros, ni liebres... ni siquiera se movían las hojas. Nada allí estaba vivo, aunque lo pareciese. Al principio sólo nos envolvía ese silencio abismal, pero pronto un mal augurio se fizo cada vez más evidente; pesaba sobre nosotros, como losa de cementerio... una hostilidad que crecía con el paso del tiempo y que poco a poco apagó comentarios y llenó de resquemor las miradas; aunque don Rodrigo achacase nuestros miedos a la ignorancia de la villanía.
La tarde avanzó con rapidez mientras nosotros no parecíamos llegar a ningún destino... y pronto caería la noche... Nada se me antojaba menos apetecible que hacer noche en un lugar demoníaco como aquél. Incluso don Ricardo quería estar fuera de sus lindes para entonces, pero aquella arboleda silenciosa y enemiga parecía dilatarse por siempre.
-¡Samuel!- gritó enojado Don Ricardo desde su montura- ¿Por qué nos retrasamos tanto? ¿Acaso caminamos en círculos?.
Samuel que tenía buenas dotes de rastreador se volvió hacia la comitiva sin poder encontrar argumentos suficientes que explicaran por qué el camino se alargaba tan asombrosamente.
-No lo sé, Señor... es... cómo...-dudó si anunciarlo conociendo los prontos de Don Ricardo, pero acaso no había respuesta que mejor le convenciera- ... como si las piedras se moviesen y los caminos se borrasen tras nosotros.
Ricardo bufó maldiciendo un sarcasmo.
-Piedras que se mueven, caminos que se borran... ¿Qué pretendes, Samuel? ¿Contagiar a todos tus temores de plebeyo? Vuestra Merced un necio.
Así las cosas, el soldado decidió marcar el camino, para asegurarse que no había de darle la razón a su señor y tanto postergar el tránsito no fuese por sus malas artes o por tener más la cabeza en las historias que le habían asegurado de aquellos bosques que en las marcas en el suelo... sin embargo, pasaron horas interminables a caballo, suficientes para haber cruzado media comarca de aquellas tierras pontevedresas. La noche se hizo inminente y acabaron para su desaliento regresando al punto de partida.
-¿Qué ocurre, Samuel?- el ofuscamiento y la agresividad de Don Ricardo habían ido in crescendo a medida que se aproximaba la noche. El rastreador se volvió estupefacto hacia sus cansados acompañantes y balbuceó una respuesta que nadie esperaba escuchar.
-¡¡¿Qué significa que este bosque nos engaña?!!- bramó colérico el noble señor.- Voy a molerte a palos cuando lleguemos a Compostela... Mas os vale iros haciendo al ánimo, Samuel. ¿No habíais marcado los árboles, por Cristo?
-¡Y lo hice, Señor, lo juro por mi vida!- explicaba alarmado mientras de dirigía al tronco retorcido de uno de ellos.- Hice marcas tan severas sobre éste que de haber sido un hombre ahora estaría muerto...
-¿Os alcanzó la noche, Samuel?- preguntó Santiago, rescatando del viaje onírico a aquella sombra de hombre, antaño veterano soldado. Antes de continuar, Samuel bebió un trago considerable de vino y se limpió con su manga.
-Si, ¡Válgame el Cielo! que nos atrapó la noche, y Dios sabe que era lo último que yo pretendía. La mudez del bosque durante el día se transformaba en un espectral calvario de sonidos durante la noche. Los lobos aullaban con un lastímero canto, como si entonaran un miserere en una misa de difuntos. Las lechuzas ululaban con voces humanas, susurrando maldiciones a los oídos capaces de comprenderlas y el viento hacía silbar un endemoniado susurro al pasar por entre los árboles, cuyas siluetas retorcidas les hacían parecer cadáveres alzados de sus tumbas. Quien estuviera acostumbrado a escuchar el sonido de un bosque en la madrugada me entendería sin dilación... aquel lugar no era sano.
Preparamos el campamento... El señor con sus señorías y el fraile con sus frailías; como era de esperar, Laredo y yo descargamos las jacas, preparamos el hogar y dispensamos todo lo necesario para hacer la noche. Andaba yo, en esto, buscando algo de leña para el fuego cuando mis ojos se encontraron con una escena peculiar... Juro por el Altísimo que lo vi con estos ojos que tantos otros horrores contemplaron luego... los vi como ahora veo a Vs. Ms.... Que hoy pueden decir que perdí el juicio, que pocos lo conservarían sano después del calvario que soportaron mis huesos... pero entonces era lozano y cabal como cualquiera otro.
Ante mí, en una aclarada del bosque próxima a Nos, otros había levantado allí sus tiendas.Era una partida de hombres, soldados, que comían y bebían vino en un relajado ambiente. Me regresé raudo a dar noticia a mi Señor.-
-Don Ricardo, Don Ricardo, Señor.Tenemos compaña. Son hombres, acampan apenas a un centenar de pasos de aquí. Tienen el escudo de armas del Señor de estas tierras.
Don Ricardo se incorporó con prestancia y dirigiéndose al interior de su tienda se regresó ajustándose guantes y cerrando la fíbula de su costosa capa ribeteada de pieles.
-Bien, quizá podamos sacar algo en claro después de todo. Llevadme hasta ellos, Samuel; quizá nos puedan indicar cuál es el camino más corto para cruzar este infierno y así compensar las torpezas de mis criados.
Laredo aprestó sus armas, dispuesto a escoltar a su señor, ante lo cual, Fray Cosme, temiendo quedar sólo en aquel lugar fantasmagórico se apresuró a cubrirse los hombros y seguir al aguerrido noble que ya había emprendido camino.
El escolta se apresuró a acompañar al resto de los hombres hasta el claro donde había visto a los soldados pero para sorpresa y mayor desgracia de Samuel aquellos ya no estaban... sencillamente, habían desaparecido; De hecho no había el menor rastro de ellos... ni de su paso por aquel lugar... apenas había señales de las hogueras o marcas en el terreno. No sólo resultaba de todo punto imposible desmontar con tanta prestancia un campamento; es que el suelo advertía que ni las bestias habían pasado por allí en semanas...
-¿Qué clase de chanza absurda es ésta, Samuel?- En los ojos de don Rodrigo ardía la cólera y aquel rudo noble tenía fama de gastarlas con sangre. -¿Pretendéis mofaros de mí, bellaco?.
Samuel estaba lívido, sin embargo, temía más aquella mala jugada del bosque que las amenazas de su señor, lo cual ya era decir bastante. Aquél regresó malhumorado por donde había venido en compañía de cura, quien no se apartaba de su trasero ni para aquellos menesteres que deben hacerse en solitario.
Samuel quedó sólo en aquel claro vacío en compañía de Laredo. Miraba en todas direcciones, buscando el rastro, el motivo que explicara aquel sinsentido, sin dejarse creer que sólo había estado en su cabeza.
-Estaban aquí, lo juro....-Laredo le puso una mano en el hombro y le lanzó una mirada comprensiva.
-Necesitáis dormir, cuñado... mañana todo irá mejor.
-¡Oh! pero no fue mejor, Padre, no... no lo fue...- Samuel acabó ahogando en un prolongado suspiro aquella frase. A los ojos de aquellos hombres que esperaban encontrar los delirios propios de un trastornado, Samuel, poco a poco, conforme avanzaba su narración, parecía cobrar más entereza y explicarse con mayor fortuna que un cuerdo.
-Continuad, Samuel. - animó entonces Santiago.Los ojos de ambos se encontraron, y en ambos se ocultaron secretos... El viejo soldado prosiguió. -La mañana retornó a la mortecina mudez del bosque. Casi lo agradecí después de una horrorosa noche cargada de espectrales sonidos donde no pude pegar ojo.
Apenas habían pasado unas horas cuando descubrimos que nos faltaban útiles y dinero. Aquello avivó las iras de nuestro señor, empeñado en que de nada le servíamos si nuestras vigías nocturnas no privaban a los malhechores de afanarles la bolsa; a no ser, claro estaba, que le hubiésemos robado nosotros mismos aprovechando lo de las fábulas del bosque, con lo cual el agravio era máximo. Así que como era acostumbrado hubimos de pechar los de siempre con las culpas.
De pronto Samuel quedó en silencio con los ojos muy abiertos y el rostro en una mueca que delataba tensión, como si ante su mirada, en lugar de barrotes mohosos y suciedad se alzaran los demonios de su cabeza... Santiago enseguida se apercibió del negocio y torció su mirada hacia todos los ángulos sin encontrar nada extraño; supo presto que el tormento sólo habitaba en la cabeza de Samuel y, con ello,regresó la mirada hacia su compañero, en pie, junto a la entrada, quien con un gesto le exhortó a continuar el diálogo con el perturbado.
-¿Qué ocurre, Samuel? ¿Qué ves? ¿Qué visteis?- Samuel dejó de balancearse tornando sus pupilas apagadas hacia el rostro barbado de Santiago y le sostuvo una mirada larga, serena, con un destello insano alojado en su fondo.
-Había alguien más con nosotros en aquel bosque... se lo aseguro. Y aquella mañana nos encontramos con ella.
-¿Ella?
-Oh, sí... la Criatura... Ella acabó por acelerar nuestras desgracias.... si es que no andábamos ya sobrados de males...
-¿De qué criatura habláis, Samuel?- apremió Santiago a su interlocutor que había vuelto a su gimoteante actitud y a los cíclicos vaivenes de su cabeza...
-Los ánimos estaban crispados, padre. Demasiado tiempo en aquel condenado lugar, demasiado tiempo para conservar templada la mano; Así, el resto del viaje lo hicimos armas desnudas, atentos a cualquier indicio extraño en el bosque.
De pronto, apercibimos movimientos en las cercanías; el primer indicio de vida que aquel bosque moribundo nos daba en dos jornadas. No sabía si estallar de júbilo o morirme de miedo allí mismo. Con las armas despiertas tratamos de movernos discretos por entre el ramaje, para no alertar a quienes estuvieran más allá de la fronda, pues para entonces distinguíamos con claridad unos sonidos... como una conversación ininteligible entre dos personas.
Me adelanté en silencio hacia el lugar de donde provenía aquel sonido, aparté unas ramas... y entonces le vi.
-¿Qué viste, Samuel?
-Le ví.... Oh Cielos, le vi, le ví.... como ahora le veo a vos...Un engendro, padre... un demonio que no podía ser de este mundo; una abominación infernal que me heló la sangre en las venas.
-¡Samuel! ¡¡Samuel!!, Por el Crucificado ¿qué ocurre?- bramó don Ricardo desde su montura, a pocos metros de lugar, pero Samuel era una estatua de sal... Aquella cosa ante él tenía la estatura aproximada de un hombre, podía incluso haber pasado un hombre si las deformidades de su tronco no hicieran aquella afirmación un tanto exagerada... Poseía dos pierna, dos piernas arqueadas y huesudas... también dos brazos; dos brazos largos de manos callosas y luengos dedos... pero sobre sus hombros, coronando aquel pecho hundido y aquella espalda quebrada, asomaban dos cabezas...
Eran cabezas de hombre de facciones alteradas; mandíbula truncada, una frente exagerada y cabello escaso, ralo, pegado a las sienes, que enmarcaba unos ojos de pronunciado color y rasgado trazo... Dos cabezas que simulaban hablar y se movían por separado y que miraban a aquel guerrero inmóvil y tembloroso, blanco de color como si ya le hubiese tocado la muerte, con la misma incredulidad y asombro como aquella monstruosidad le contemplaba a él.
-¡¡Por el Altísimo!!- a lomos de su caballo Don Ricardo gozaba de mejor posición. Cuando contempló aquella aberración, sólo tuvo un pensamiento.
Don Ricardo tenía refutada fama de buen cazador, como la tiene todo noble que se precie en estos tiempos de serlo; y de un hábil movimiento prendió su ballesta cargada y disparó contra el monstruo acertándole de pleno. Ambas cabezas emitieron un alarido penetrante antes de retorcerse por entre los matorrales y escabullirse entre ellos como un ciervo herido.
-¿Qué demonios era esa cosa, ¡por Cristo!?
Al pronto llegaba el otro soldado y el fraile, tras él ocupado en presignarse.
Samuel notó el barullo a su alrededor, pronto su cuñado Laredo estuvo ante él y el resto de los integrantes de la comitiva alcanzaron su posición preguntándose qué había sido aquello que habían creído ver.
-¿Le he dado?- preguntó don Ricardo al tiempo que volvía a montar su ballesta en el caso que se hiciere necesario usarla por segunda vez.
-Seguro, Señor, aquí hay rastro de sangre.- advertía el segundo de sus hombres. Samuel tardó mucho tiempo en recuperar el habla.
-¡¡Busquémosla!!- apremió el caballero aunque se encontró con la estupefacción de sus hombres- Busquemos a esa bestia. No dejaré que una pieza semejante se la cobre algún vulgar leñador de esos inhóspitos lares. Va herida, no debe andar lejos. La mandaré curtir y secar cuando lleguemos a Compostela... si es que llegamos antes de Pascua.
-Aquella cosa no era hostil...- aseguraba tembloroso y lívido Samuel, cuando se lo confesaba a sus interrogadores en aquella pestilente celda donde ahora se confinaba.- parece una locura, padre, pero pude verlo en sus ojos... Aquel ser no quería procurarme males ni daños... y nosotros le herimos... Nosotros fuimos a cazarlo... A partir de entonces todo fue a peor.
-A peor, padre... Don Ricardo quería asegurarse que se cobraría aquél trofeo fuese animal o monstruo. Nos hizo seguir las marcas de sangre dejadas en el terreno... pero pronto íbamos a sufrir extraños incidentes para los que la razón humana no alcanza. Primero fue el caballo de Don Ricardo... se quebró una pata de mala manera y hubo de ser sacrificado y eso que aquél bruto era corcel de buena monta, aguerrido y bizarro, acostumbrado al trote sobre pedregal... luego, el resto de los animales empezaron por desobedecer las órdenes. No frenaban al tiro ni arrancaban al azogue... si decías de dar bridas a la diestra, quellos torcían a siniestra; y a la contraria.
Tampoco salimos del bosque en aquella jornada y menos hallamos de nuevo a la criatura, pero el día volvió a echarse encima.Cuando decidimos acampar por segunda vez descubrimos cómo nuestras provisiones se habían echado a perder... cómo si llevásemos deambulando por aquellos sombríos lares varias semanas, que a aquellas alturas, para mí, como si lo hubiésemos hecho. Fíjese, padre, que es cosa de asombro pues las más de nuestras viandas eran tripas, tocinos en sal, también pescado seco y algo de pan de bizcocho para mojar. Emanaban pestilencias como los de un cadáver al sol, aún con sus adobos y sales... Las carnes tenían larvas que la habían deshecho por dentro, también el pescado y los tocinos; y el vino se había vuelto vinagre en sólo unas horas. Tan desagradable era aquello que incluso mi cuñado y yo, que ha tiempo nos habíamos dedicado a las faenas de la mar, no hacíamos ascos a algún que otro gusano en el bizcocho; pero aquello otro apenas si lo pudimos mirar siquiera.
La hostilidad de aquel bosque se acrecentó como las fiebres de la Peste, padre... y a partir de entonces no tuvo reparos en mostrarnos abiertamente su verdadera naturaleza....
No obstante, yo había permanecido conmovido desde mi encuentro con aquella criatura, ausente del mundo que me rodeaba, ignorante de las bravatas y amenazas de mi señor, colérico por el agravamiento de la situación, como si algo en mi interior me advirtiese que habíamos cometido pecado mortal. Ya nada me importaba; desde que don Ricardo hiriese a aquella deformidad bicéfala supe que jamás saldríamos de aquel bosque con vida.
Aquella noche conocí la suerte de aquellos soldados que viere la madrugada interior... y aquello certificó mis pesares más oscuros... Aquella noche tampoco pude dormir...
-Señor.... señor... Despierte... por piedad, despierte... Tenemos compaña. Los soldados, están aquí.
Don Ricardo remoloneó ante la insistencia de su criado... pero aquel tono trémulo, aquel susurro ahogado de miedos le hizo al fin incorporarse... y su creciente ira se desvaneció como las brumas de la mañana con un golpe de sol cálido... Tal y como aseguraba su siervo estaban rodeados por una cuadrilla de soldados, quizá eran una docena, tal vez incluso dos... el noble se atusó los ojos porque no podía creer lo que aparecía ante ellos. Había figuras allí, cierto, pero no eran el tipo de hombres que esperaba ver... sus cuerpos estaban ajados, sus ropas gastadas y enjironadas como de siglos de uso... sus cuerpos eran traslúcidos y a su través podían divisarse las siluetas de aquel bosque cuyos gemidos se hacían ahora más audibles y espeluznantes que nunca, minando los ánimos. Nos miraban quietos, solemnes, con la misma languidezy paciencia de quienes ya no son de este mundo, y para quienes el tiempo o el espacio no son más que viejos anclajes de una vida remota que ya nada perturban su existencia y ya nada significan... A algunos les faltaban brazos o piernas y descubrían sus muñones ante los estupefactos espectadores que los miraban... otros no tenían ojos, sólo cuencas vacías, oscuras, sin fondo...Sus faces, cadavéricas, dejaban a la vista huesos y dientes en donde un humano sólo tendría carne.
-¡Por la Virgen Santísima!- Fray Cosme agarraba el crucifijo ante sí, como si la imagen del martirio de nuestro señor fuese palio con el que protegernos ante aquellas ánimas vueltas a la vida- ¡¡Atrás aparecidos!! Volved a vuestro lecho... Por orden de Jesucristo Nuestro Salvador, Regresad al purgatorio de donde habéis salido.
-Poco a poco todos cobramos compostura y cuando estuvimos sobre nuestras piernas, al unísono, con la misma solemnidad que sólo quienes regresan del Abismos poseen, aquella hueste fantasmal alzó sus brazos y muñones señalando una dirección en el bosque. Encomendándonos a cuantos santos o mártires recordábamos nos apresuramos a abandonar aquel lugar en la dirección que aquellas ánimas en penas nos indicaban, protegidos por los símbolos del fraile y olvidando en nuestra apresurada huida los caballos.
Presos de un pánico inhumano avanzamos a ciegas por entre los despojos de aquel bosque sintiendo un torcer de ramas y reverberar de pasos junto a nosotros, como si una legión de criaturas nos escoltase en derredor, fuera de nuestra vista. Los gemidos en la noche se acrecentaban alimentándose de nuestro miedo, como los buitres de la carroña...Así, después de tiempo que no recuerdo, quizá apenas instantes que se hicieron eternos,alcanzamos un nuevo claro del bosque abierto entre la espesa bruma.
Estaba iluminado por el resplandor de una luna inexistente... Alumbraba un altar de piedra a los pies de un viejo tronco de árbol de dimensiones exageradas y retorcidos brotes que se elevaba tres o cuatro metros sobre nosotros.
El altar estaba cubierto de musgos y otras trepadoras, y al ser desnudado de aquella vestimenta vegetal dejó ver sus labras y ornatos, símbolos paganos; incluso heréticos, me atrevería a decir, con sátiros flautistas y doncellas desnudas por doquier.
-¡¡Brujería, brujería!!- clamaba don Ricardo preso de la misma histeria que nos consumía a todos y que apenas si encontraba lugar por donde liberarse. De esta forma trató de descargar su furia acumulada contra aquel tocón muerto. Le golpeó con su espada hasta hacerle saltar astillas con todo el odio que puede caber en un hombre... pero se detuvo en seco al comprobar que de las heridas de aquél tronco muerto, empañando su cara y sus ropas, como si de un hombre al que hubiere zajado con la espada se tratase, comenzó a manar sangre.... sangre que fluía de cada hendidura, de cada puya abierta en su tronco...
No tuvimos tiempo de sorprendernos esta vez; apenas el insano arranque de violencia de nuestro señor cesó, escuchamos un sonido que nos heló la sangre... era un galope al través del bosque, un galope pesado y poderoso que crecía de intensidad conforme se aproximaba, en una dirección imposible de adivinar con certezas. Era como si fuese un corcel de varios quintales de peso que en su carrera arrastraba todo cuanto se ponía a su paso.
En ese momento mis piernas decidieron pensar por sí mismas y corrí en desbandada dejando allí mismo todo cuanto aminorase mi marcha, lo que incluía mis armas y el resto de mis compañeros. Fue una actuación cobarde, pero no me excuso de ella,más valía decir aquello de aquí corrí en lugar de aquí caí. Sentí, no obstante, como otros secundaron mi desesperada huida; que si yo, soldado ya con años a la espalda, tiraba por piernas, ¿qué no haría aquel gentilhombre bisoño y biencomido; por no hablar del cura ramplón? No iba aesperar heroísmos por parte de aquellos hombres de burgo y buena mesa ... Solo el pobre Laredo quedó allí, como una estatua pagana, empuñando su espada con ambas manos, clavado en el sitio y con los ojos desorbitados por el pánico... pues no otra cosa sino el terror podía haberle anclado las piernas al suelo... que Laredo tampoco era lo que yo llamarían un Campeador... y aquello tornó su suerte.
Apenas momentos después mientras mis piernas se esforzaban al máximo y en mi visión sólo encontraba estelas grises de un bosque maldito que discurría ante mí a toda velocidad, pude escuchar sus gritos agónicos, alaridos terribles como los de un reo condenado a la rueda a quien despedazan en vida. Aquellos gritos se me clavaron en el ánima como una saeta infiel, pero también le dieron aún mas potencia a mis piernas que volaron a través de la espesura como si gozaran de alas...
-¿Qué ocurrió después, Samuel, contad?- el hombre volvió a apurar la botella de vino. Esta vez no dejó una gota.
-Me detuve exhausto en una nueva aclarada del bosque... Allí, aprovechando el hueco entre dos árboles torcidos alguien había levantado una tosca choza con ramaje seco de la cual ardía lumbre en su interior. Había un silencio incómodo en el ambiente... también un olor extraño...Don Ricardo y Fray Cosme alcanzaron la explanada sólo para ser testigos de una última experiencia.
Ante la cabaña se dibujó una figura espectral... era el cuerpo de una mujer, sin duda, y bien digo, sólo el cuerpo pues faltábale la cabeza; y como si no la necesitase para vernos levantó una de sus manos y señaló al fraile con ella.
El cura levantó su cruz y lanzó un anatema contra la aparición conminándola a alejarse de un siervo de Dios. Entonces escuchamos un silbido espeluznante que crecía sin que pudiéremos saber su lugar de procedencia. La cruz del sacerdote se partió y tras ella rodó al suelo la cabeza del infortunado, cuyo cuerpo se despeñó como un leño abatido por el hacha. Don Ricardo pareció sucumbir al delirio y corrió hacia el fantasma espada en mano asegurando que lo devolvería a la tumba... pero apenas si avanzó unos trancos. Su abdomen estalló como si contra él hubiese impactado una invisible bala de bombarda diseminando su paquete sobre el bosque... pero aún quedó en pie, sosteniéndose por inercia, mirando el agujero abierto en sus entrañas.
El fantasma llegó hasta él y tocó su rostro con el frío tacto de la muerte... Entonces el cuerpo de mi señor comenzó a convulsionarse entre alaridos que no podían salir de una garganta humana... ante mí, la piel de don Ricardo se deshizo en tiras y su carne comenzó a desprenderse de sus huesos acompañada de inhumanos alaridos.
No pude quedarme a contemplar tan cruento espectáculo, corrí, corrí como alma seguida de demonio hasta desfallecer...
No soy quien digo ser.Epílogo.
Samuel temblaba como un niño asustado. Sudaba como tras un innombrable esfuerzo y balbuceaba una oración de protección en su ayuda.
-Ignoro cuando me llegó esa hora, cuando perdí la consciencia.... La tibieza de la mañana me despertó en el lecho de un río... fuera del bosque... Dos cabreros habían descubierto mi cuerpo gimiente... Ante mis delirios fui internado aquí... de eso hace ya años que no recuerdo.- Samuel se volvió entonces hacia Santiago. -Me aseguró, Padre, que le devolvería sosiego a mi espíritu.
El hombre de negro inspiró profundamente antes de contestarle.
-Prometí liberar tu alma de tormentos y cumpliré mi promesa, hijo.- Santiago echó su capa hacia atrás dejando ver a un lado de su pecho una insignia bordada en hilos carmesíes... era un aspa de extremos quebrados... el símbolo de la Vera Lucis; los cazadores de brujos. Santiago dibujó la señal de la Santa Cruz con su diestra...
-Ego te absolvo, Samuel.- El reo pudo ver cómo Santiago había perdido su mano izquierda. En su lugar, el miembro amputado había sido reemplazado por un apéndice metálico que acababa en una gruesa hoja de daga. Apenas sin tiempo para la reacción, aquel hombre tullido, vestido de negro, barbado de rostro, clavó su filo en la garganta de Samuel que emitió un ahogado quejido... Aquel casi lo agradeció... al fin, su espíritu descansaba.
Santiago limpió la sangre entre las telas de su capa, ocultó su mano asesina de nuevo bajo aquel oscuro manto y lanzó una mirada apremiante a su compañero. En los pasillos la mujer negociaba con el carcelero ofreciéndole una suculenta bolsa de plata que aquel recogía encogiéndose de hombros. Luego salieron de aquel antro.
El grupo agradeció la calidez del sol del exterior y respiró aliviado de poder abandonar aquel insano lugar.
-Navarro, Juana...- anunció Bras a sus hombres.- Reunid al resto, la información era cierta; Partimos de inmediato para Galicia... Viajamos a O Santo
Soy poco aficionado a publicitar mis aventuras literarias y salirme del clima que pretendo dar a este blog, pero creo que la ocasión lo merece. Quienes me conocéis sabéis lo reticente que he sido a presentar relatos a concursos, dada mi aversión natural al concurso como concepto y a que no me considero ningún especialista en el género breve. Como narrador prefiero las historias de maduración lenta y eso de concentrar un mensaje a tres páginas me supone la misma sensación que ser corredor de maratón y participar en los 100 lisos. Cuando la gente ya ha llegado al final, yo aún estoy empezando a calentar. Con todo decidí este verano presentar tres relatos a concurso. Uno de ellos, El Concurso del Círculo de Bardos de mi buen amigo Pedro Camacho se ha hecho un interesante hueco en el panorama a pesar de su carácter casi íntimo y su corta existencia. Me decidía a presentar un relato, no tanto por el premio, que es parte del material publicad por mi buen amigo, del cual tengo la suerte de tener prácticamente todos sus ejemplares ya firmados por él como con la intención de presentar a uno de los personajes emblema de la Saga Flor de Jade. Una fantástica pentalogía en la que llevo trabajando muchos años y cuyo primer volumen está ahora en diversas editoriales esperando su aprobación. Pedro me ofrecería una magnífica oportunidad de dar a conocer parte de sus capítulos iniciales que hemos empezado a colgar en su página web.
Mi objetivo era presentar un relato cebo, que los participantes leyesen y sirviese de reclamo para la lectura de esos capítulos colgados, a la espera de recibir algunos comentarios por escrito allí. El relato El de las Dos Tierras, tenía esa finalidad. Resultó ser un relato cargado de tópicos, para tratarse de un relato corto, en el que quería comprobar, entre otras cosas si la calidad de mi estilo narrativo (por encima de su originalidad) era capaz de vencer las adversidades y colocarse por delante de avezadas y muy respetables plumas especialistas en el género breve. Lo cierto es que ha conseguido un honorable segundo puesto (a un voto del ganador) lo que ha valido su inclusión en la portada del famoso portal literario Sedice.com, donde ahora puede ser leído y comentado por sus internautas. Asunto que invito que hagáis si tenéis oportunidad. Os dejo las direcciones pertinentes para hacerlo.
En su foro podéis entrar tanto al hilo del concurso Círculo de Bardos y ver lo que ha dado de sí este concurso y comentar los relatos como a la sección de Flor de Jade donde cuelgo esos capítulos iniciales. Bon Apetite.
Jesús ha muerto al fin, devorado por aquellos que vivían tras el espejo aguardando su momento para retornar del olvido e instalarse en la carne fresca alimentada de nuevo. Se hacen humo tantos recuerdos que el vértigo que ello produce es casi narcótico. Encontrado y reencontrado en cien rostros, aparece al fin Aquél y su historia. Se funde en él toda la búsqueda y entiendo todos los pasos caminados hasta hoy. Jesús era solo una carcasa, un recipiente en el que alumbrarlos de nuevo, terminar lo que empecé aquél invierno. Ya sólo forcejea un hálito rebelde, una sombra que poco a poco se irá disipando. Hoy Él regresa y con Él todo los demás que forman el crisol de experiencias que atesoro desde el primero. Hoy sé… de dónde vienen las heridas de guerra, ancestrales cantos entre una legión de lanzas, bajo el estandarte. Hoy sé por qué recuerdo las arenas ardientes entre los dedos de mis pies y porqué sé a qué sabe el olor del miedo. Y quien me tuvo enfrente hoy camina a mi lado y llamo maestro.
Hoy sé… que llevo fumando trescientos años y qué el tabaco volverá a matarme, como en aquella ocasión donde el ron teñía mis lunas de miel y humo al rumor de las olas, y donde sigo esperando que esos hermanos vuelvan a visitarme y aguardo que Rosetta se despida una vez más entornando los ojos bajo el parasol. Que aquella tertulia literaria donde volví a verla no fue un sueño, y que mi desgarro con el mundo tuvo ese comienzo en caída libre… hoy sé las raíces de aquella apostura noble donde se forjó el carácter del Barón que me atormenta (y me apellida)… y que las imágenes que me quedan no están en la mente, ni los recuerdos, ni abismos. Hoy le he dado un abrazo a mis fantasmas y el oscuro secreto que anidaba en pecho se ha desnudado. Es un consuelo y una mortificación. La rueda comienza a girar de nuevo… mismos actores, mismo escenario y distinto color. Hubo un duelo sin final anunciado donde miré a los ojos a aquel viejo amigo que hoy vuelve a mezclarse en mi historia. Y mi cabeza rodó sobre la plaza de la revolución solo un poco antes o después de la de alguno de vosotros.
Renazco en cuerpo ajeno, una de tantas, y todos aquellos volvemos a encontrarnos y el vértigo renace. Dejé muchas cosas sin cerrar, y espero ir saldando mis deudas. Los retos son nuevos y el camino está trazado de antemano, solo queda caminarlo otra vez. En esta ocasión dejaré mi nombre grabado en una losa, sólo para recordarme mañana… y en él estarán todos los que fui y todos lo que me siguen y a los que arrastro. La mujer de blanco ya tiene nombre, pues siempre tuvo cuerpo. El joven padrino nos sigue apadrinando, mientras expía sus propias culpas. El maestro camina a nuestra vera… y el espejo, al fin, ya no encerrará más secretos. Hoy sois míos… de nuevo. Bienvenidos a casa, hermanos.
Todos los textos que aprecen en este blog están registrados y poseen copyright de su autor quedando amparados bajo la ley de protección de la propiedad intelectual. Si alguien desea citarlos en su totalidad o fragmento, no olvide citar a su autor y a este blog. Sería un detalle. Las referencias a las láminas utilizadas para ilustrar las entradas podéis encontrarlas en la lista que cierra esta columna.
Mensaje al Incómodo Visitante.
Mis entradas son largas. Pequeños universos de voz arenosa. Para mayor comodidad (es el único consejo que vas a encontrar en este rincón deshusado del mundo) hazlo por separado utilizando el archivo del blog, de la más antigua a la más reciente. Si algo de coherencia tienen, lo tienen de este modo. Una última clave (no esperes más):
La Bitácora del Biablo. Son mis pequeñas obsesiones, mi cristal del espejo, mi diario de a bordo.
Agujero de Gusano: Para otro quizá relatos cortos. Para mí son solo espacios deshabitados, huecos en el tiempo donde se cuelan fantasmas. Para ti... quizá no digan nada.
El Arcón del Arkano. (nuevo). En este arcón guardo mis viejos relatos cortos y alguno nuevo. Algunos publicados, otros premiados, muchos inéditos y todos queridos de algún modo.
Hoy todo el mundo tiene un blog... éste es la prueba evidente de lo que digo. No se precisa especial talento, ni siquiera es necesario tener nada que contar. Es rápido, fácil... está de moda... pronto ocurrirá como con los teléfonos móviles... De ser una rareza... ya hay más que habitantes en este pequeño rincón del mundo.
Es sólo un Blog ¿para qué darle más vueltas? Alguien a quien estimo demasiado trataba de consolar mis miedos infundados con esta frase y lo peor que que sé que para ella también resultará un parto complicado.
Esta pequeña ventana abierta a la desnudez es tan solo eso. No pretendo, pues, otra cosa. Hay algo de Voyeaur en el visitante de estos espacios a veces anónimos y algo de exibicionismo en aquellos que los firman. Yo, que participo de ambas perversiones, me dejaré seducir por ambas y seré honesto.
No habrá en este rincón oscuro citas lapidarias por mi parte, ni intención de subyugar con recomendaciones personales de libros, cine, autores, obras... No busco reafirmar mis destrezas como escritor o mis más que cuestionables cualidades narrativas en el observador. Por suerte 0 desgracia para mí, esa fase pasó y ya no tengo tal necesidad. No busco juicio o aprobación... ni siquiera el propio... sin embargo, es indudable que la inherente faceta de exhibicionista estará ahí... si no ¿qué sentido tendría descorrer las cortinas? Hay pretensión de ser visto, sin duda, pero no de actuar para el observador. La literatura necesita dar el último paso y ser mostrada, recibida y devuelta, pero se justifica por si misma.
Esta ventana mostrará un mundo inevitablemente personal que no busca como finalidad ser compartido, pero que abrirá irremediablemente a tal posibilidad. Estará ahí, en luz ténue y hablando en susurro, por si algún vecino indiscreto decide mirar. Existir es su única razón de ser. En cierta ocasión, leí en uno de estos blog literarios decir a su autora "yo soy mis historias". Sin pretender desmerecer, mis historias, cuando las haya, sólo son una parte de mi... el objeto visible y palpable de mis abismos y fisuras... Sin ellos no se entienden las primeras y quizá sean estos los más difíciles de enseñar. Ardua labor entonces la que se presenta por delante... pero en cualquier caso todo sea más fácil y yo lo complique en exceso. Es sólo un Blog... ¿para qué darle más vueltas? ¿o no?
Klaus Merz (Suiza, 1945)
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VUELO
Sólo remando con los brazos
volamos noches enteras
por la región,
los observatorios astronomicos
brillan.
De los tiempos del Neandertal
se ha desc...
Oculto Café recibe la visita de los dragones...
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El jueves día 4 de febrero tendré el placer de compartir unos versos con
todos los que queráis acompañarme... Os espero, si vuestro tiempo y vuestra
volun...
Nueva York. Lunes 24 Julio de 1933.
-
pie de foto: Vista del H. Amherst desde el lago de Central Park, foto
personal.
Lunes 24 Julio de 1933.
Hoy ha sido el gran día. No puedo decir que hay s...
Nunca es tarde si la serie es buena
-
Me considero una persona bastante impermeable a críticas y sugerencia
sajenas; prefiero
comprobar por mí mismo las cositas, aún a sabiendas de que...
Hace 1 año.
Listado de Imágenes -por orden de entradas.-
Ángela Jiménez en nuestro rincón del JazzCafé de Córdoba. Foto propia.
Obra original de Nona León. Artista Cordobesa.
El gato frente al espejo. Imagen de Internet.
Fotograma de Amelie, de Jean-Pierre Jeunet..
Fotografía original de Lara Menéndez. Abr 12.
El Diablo. Dali Tarot. Ilust. Salvador Dalí. mar 11.
El Diablo. Tarot de Marsella. Rest. de Ph. Camoin y A. Jodorowski, Mar 10.
El Diablo. Tarot de Kraft von R.M.Place, Mar 3.
El Diablo. Tarot de los Ángeles. Feb 12.
El Diablo. Tarot Visconti. Feb 03.
El Diablo. Manga Tarot. ilust. Okada. Ene 24.
El Diablo. Thoth-Tarot de Aleister Crowleys. Ene 22.
El Diablo. The Black Tarot. Ilust. Luis Royo. Ene 09.
El Diablo. Tarot ilustrado por H.R. Giger. Ene 07.